"Make no effort, just be aware"

CONVERSACIONES SOBRE LA AYAHUASCA, LOS VIAJES Y LA LEVEDAD DE LA VIDA

Entrevista a César Alejandro Maluf, "el Doctor"

Charlas grabadas el viernes 29 y el lunes 30 de setiembre de 2017 en Salou, Tarragona, España.

César Alejandro Maluf (imagen de su muro de Facebook)
César Alejandro Maluf (imagen de su muro de Facebook)

Por Alejandro Crimi 

 

Mi especial agradecimiento para Sara Maluf,

por su colaboración, cariño y gratitud

 

 

INTRODUCCIÓN

A César lo conocí en el año 2006, en una toma de ayahuasca en Mendoza, Argentina. Él ayudaba a conducir la ceremonia, y yo intentaba mirar mi interior con libertad y romper algunos esquemas mentales. Con César empatizamos de inmediato. Fue algo instantáneo. Me llamaba mucho la atención la energía que ponía en cada cosa que hacía, en cada movimiento o en cada palabra. Mi experiencia con la ayahuasca había comenzado en Cataluña en el año 2000, y afortunadamente había modificado mi forma de entender y vivir el mundo. Así que en ese 2006 no era un experto como César, pero tampoco era novato, ya que había tomado "la medicina" (como le dice él) alrededor de 50 veces. En esa época también comencé a experimentar en mi casa con los análogos de la ayahuasca. Me apasionaba el tema, así que había leído mucho sobre el uso de enteógenos y conocía a gente con experiencia. Entonces compraba por internet algunas plantas que tuvieran DMT y otras que tuvieran IMAO (inhibidores de la monoamino oxidasa), y las cocinaba yo. Reemplazaba la chacruna (Psychotria viridis) por la jurema (Mimosa tenuiflora), y la ayahuasca (Banisteriopsis Caapi) por semillas de ruda siria (Peganum harmala). Y César no sólo se había convertido en mi amigo, sino también en mi cómplice enteógeno. Recuerdo una experiencia que hicimos los dos solos en casa, con un análogo que había cocinado toda la tarde. César trajo unas velitas e improvisó una especie de altar, a modo de ritual. Nos pusimos cómodos y nos dejamos fluir. Fue una noche entrañable que nunca olvidaré. Y aprendí muchas cosas de él, cosas invalorables.

En el 2008 regresé a España, y nuestra comunicación fue continua y frecuente. El tiempo y la distancia no debilitaron en lo más mínimo la intensidad de nuestra amistad. Por eso, la confirmación de su visita para setiembre se había transformado en una de las noticias más felices que tuve en 2017. Y esa visita es la excusa que se utiliza en la presente entrevista para aproximarnos al ideario de un ser extraordinario.

César Alejandro Maluf (imagen de su muro de Facebook)
César Alejandro Maluf (imagen de su muro de Facebook)

 

Me cuenta Sara Maluf que: "Antes de su viaje a Europa, César hizo dos Ceremonias en Río Ceballos, Córdoba, en el bellísimo hogar que Chini Emily y Adrián, su compañero, tienen en el monte. Yo lo acompañé. En la segunda "Cere", al terminar, cuando salí al "jardín salvaje", César ya estaba ahí. Nos abrazamos, él de frente al sol radiante que empezaba a levantarse y se reflejaba en sus ojos. Nos miramos en silencio y yo le susurré algo como " te espera una etapa muy importante... decisiva..." Me miró larga y profundamente, sus ojos se llenaron de lágrimas y haciendo su particular sonrisa me dijo: " ¡¡¡Sultana... esa libertad incondicional...!!! ". Siempre me llamó Sultana. Sentimos una vez más nuestra afinidad total, corazones unidos desde la más completa libertad y celebración de la Vida."

 

 

1 - LA CENA DEL FIN DEL MUNDO

 

— ¿Podemos empezar la entrevista?

— No. Con la boca llena no se habla...

 

Estamos en una terraza frente al mar, sentados frente a una mesa redonda poblada de platitos con frutos secos, quesos, aceitunas y pan. El sol ya casi ha desaparecido, y el horizonte se exhibe teñido por tonos pasteles en la gama del azul y el rojo. Las botellas de vino tinto parecen estar pinchadas, ya que se vacían con cierta velocidad. Se trata de la antesala de una auténtica pasta italiana —preparada con cariño y generosidad por musas nativas de la patria de Nerón— que promete saciar nuestro apetito. A pesar de que comenzaremos una entrevista, somos concientes de que nuestras expectativas existenciales se reducen casi exclusivamente a la cena. 

Buscamos permanentemente excusas para brindar y, cuando hacemos chocar las copas, César invariablemente emite un "Salou mmm" sostenido en clave de mantra.

El futuro entrevistado está radiante, y su mirada destila vitalidad. Pero de momento sigue con la boca llena.

Se toma su tiempo, termina de masticar, apura un trago y me dice sonriendo: "Ahora sí, preguntame (sin acento en la "u", a lo argentino) lo que quieras".

 

— ¿Cómo te llevas con los libros?

— ¡Muy bien! He leído muchísimo y he acumulado poco.

 

— ¿Qué autores te gustan?

— Muchos. Principalmente Fernando Pessoa, con todos sus heterónimos. También Henry Miller, acusado de pornográfico y prohibido en EE.UU. e Inglaterra en la década de 1930. A todo el mundo recomiendo el Coloso de Marusi, donde Miller no hace ninguna alusión al sexo (¡qué lástima!). Es un canto a la vida. He tenido tres veces ese libro, y las tres veces lo he regalado. Fue escrito cuando Miller viajó a Grecia para visitar a sus amigos Gerald Durrell, autor de Mi familia y otros animales, y Lawrence Durrell, que escribió el maravilloso Cuarteto de Alejandría.

Me gustan mucho Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez. Me encantan los poetas victorianos antiguos, y sus aventuras en los comedores de opio y hashish. He disfrutado libros de Josep Kessel, Bernard Shaw, Walt Whitman y muchos otros escritores. Y por supuesto la obra Jiddu Krishnamurti.

 

— ¿Me puedes nombrar algún libro de Pessoa que lleves en el corazón?

— Sus poemas largos y el Libro del desasosiego.

 

— ¿Me puedes decir una sensación del Libro del desasosiego que lo resuma en dos o tres palabras?

— La mutación constante.

 

— Ya que te gusta Pessoa, voy a traer una referencia a otro portigués. José Saramago contó una vez que su libro El hombre duplicado nació frente al espejo de su baño. Mientras se afeitaba, al mirar su cara enjabonada se preguntaba "¿quién soy?". Y tomó conciencia de lo complejo que resulta definirse. ¿Cómo se podría definir César Maluf cuando se mira al espejo?

— Siempre me ha parecido una limitación extrema tener que definirse, porque somos muchas cosas. Y los aspectos de la conciencia humana están en ti, en mí y en todos; y entonces para conocer a alguien no alcanza con saber a qué se dedica o cuál es su oficio o profesión. Personalmente suelo preguntar: "Y entre otras cosas, ¿a qué te dedicas?"

 

— César, y entre otras cosas, ¿a qué te dedicas?

— (Ríe) ... A reírme... y también me dedico a vivir seriamente. Claro que la próxima pregunta será ¿qué es vivir seriamente?, cosa que no voy a definir yo. Es muy divertido ser serio con uno mismo. Por eso me gusta ser serio con el mundo que tengo que enfrentar y vivir.

Me dedico a vivir hasta donde da mi visión, mi corazón y mi energía. Me dedico a caminar, correr y respirar. También me dedico a comer rico, y a cocinar delicioso –porque cuando quiero cocino delicioso–. Y trabajo con las plantas maestras de la selva amazónica, el corazón verde del mundo, lo cual en este momento absorbe gran parte de mi tiempo. Me muevo para hacer conocer los beneficios de estas plantas en diferentes lugares de la tierra donde nací, y –cuando surge la posibilidad– en otras partes del mundo. Estas medicinas son pura sanación del espíritu humano. En mí y en quienes toman conmigo, generan una sanación holística que se va derramando en forma piramidal para actuar sobre las emociones, los sentimientos profundos, la sangre y el cuerpo. Refresca la información antigua que acarreamos y traemos encima cada uno, en cada una de nuestras células. 

De vez en cuando me dedico a conversar, porque el mundo está plagado de gente bella, interesante y fascinante. Me considero un "raconteur", porque me encanta contar historias. También escucharlas o inventarlas, como hacen algunos escritores que conozco (me mira con burla).

Me fascina el hecho de relacionarme con las personas. De hecho no me agrada irme a dormir ningún día de mi vida sin sentir que he establecido un diálogo con al menos una persona. Me refiero a un diálogo no verbal; y a partir de ahí, si es necesario, se verbaliza. Eso es algo que me nutre y alimenta, y calculo que al otro ser también, porque no hay acción unilateral. Es bello entender que cuando nos estamos comunicando (verbalmente o no) siempre hay una acción de significado profunda. 

 

— ¿Te puedes comunicar con cualquier persona por igual?

— No. Pienso que para establecer una comunicación debe haber cierta sincronicidad vibracional. Lo que uno u otro expresa, durante un proceso de comunicación, vibra en los niveles sutiles y retumba y reverbera en las mentes y corazones. Por eso también es importante saber escuchar y recibir. Lo cual tiene mucho que ver con mis trabajos con plantas maestras.

 

 

— ¿Qué es una planta maestra?

— Yo considero plantas maestras a lo que se conoce como medicina tradicional indígena de la selva amazónica. Existe una gran variedad de ellas, y poseen un espíritu de sanación y educación muy fuerte. Estas plantas pueden actuar sobre la totalidad del ser humano para generar verdaderos cambios.

 

— ¿Qué supone el trabajo con una planta maestra?

— Primero hay que tener la disponibilidad de la medicina, lo cual implica viajar y saber muy bien a dónde se debe ir y a quién recurrir. Luego traer la medicina para ponerla a disposición de quienes la necesitan. Eso implica una determinada disposición para llevar adelante el trabajo, que le podemos llamar de distintas maneras: ritual, ceremonial, sanador o curador.

El trabajo lo hago con la que considero la reina y emperatriz de la selva, la "madre planta" de todas las medicinas, conocida popularmente como ayahuasca. El trabajo se hace en una ceremonia comunitaria, que supone un proceso de limpieza y purga profunda, y se acompaña o guía por los llamados ícaros, que son unos cantos que invocan presencias protectoras. Yo realmente no soy un buen cantor, pero eso no tiene mucha importancia. Los ícaros que salen de mi boca no parecen ser míos, y llegan siempre a su destino. Cada participante lo recibe o interpreta de acuerdo a la propia necesidad que tiene para disparar y/o acompañar el proceso de sanación.

 

Ludovica Rossi trae una nueva botella de vino y anuncia la inminente llegada de la ansiada pasta. El ruido del mar disimula el chasquido que hago con el sacacorcho. César prueba el vino y exclama "¿¡Cuál es este!?". Ludovica contesta "Se llama Cojón de Gato, D.O. Somontano. Una mezcla de merlot con shiraz... ¿te gusta?" "¡Me encanta!", responde el cantante argentino de ícaros.

La cena interrumpe la entrevista, que no será retomada durante la sobremesa.

 

Ludovica Rossi y César Maluf, queriéndose en el chiringuito Elektra, de la playa del Poniente de Salou

Cesariry de la Selva (foto de su muro de Facebook)
Cesariry de la Selva (foto de su muro de Facebook)

 

2 - LA VIDA FLUYE EN UN CHIRINGUITO DE LA PLAYA DEL PONIENTE, EN SALOU

 

La presente entrevista posee una estructura no lineal, al igual que alguna película del director norteamericano David Keith Lynch. Pero debo reconocer que no forma parte de ningún guión. Es simplemente el resultado de una particular contingencia temporal. Anoche, luego de la deliciosa cena, se llegó al consenso de continuar la charla en la arena del Mediterráneo. El reloj marca las 11:30 hs. Y esta vez estamos en el chiringuito Elektra (de Javi), en la playa salouense del Poniente. Mucho sol, jarras de cerveza bien frías, gafas polarizadas, algún bostezo aislado y grabador. ¿Dónde habíamos quedado? Mmmm... mejor hacemos un reset:

César Alejandro Maluf nació en la clínica Mitre de la capital de Mendoza (Argentina), el 9 de junio de 1959. Es el hermano menor de Sara (la mayor) y Gloria (la del medio).

 

Me cuenta su hermana Sara: "Cuando mamá (Sara) llevaba varias horas en trabajo de parto, mi papá decidió irse porque "seguro es otra mujer". Cuando ya estaba en la calle, mi tía Blanca, su hermana, salió corriendo a los gritos de: "¡Musta, Musta, volvé!, ¡¡¡es un varón!!!" Inmediatamente papá entró a conocer a su hijito recién nacido. A papá su familia lo llamaba Musta (por Mustafá), pero se llamaba Kemal. Cómo buen árabe, el nacimiento de su hijo varón fue su mayor felicidad. Esta historia siempre la contaban en la familia, y ahora la acabo de confirmar con Blanca."

 

— César, naciste en Argentina y luego viviste un tiempo en Inglaterra, ¿correcto?

— Sí, nací en Mendoza. Y cuando tenía 22 años viajamos al Reino Unido con la idea de aprender inglés. Ya tenía algunas nociones de inglés, y me enfoqué de lleno en aprenderlo rápido. Entonces primero fui a una escuela para aprendizaje de inglés para extranjeros, en la cual hice lo que tenía que hacer expeditivamente (seis meses del año 1981), y a partir de ahí empezó la etapa del Brockwood Park School. En Inglaterra vivíamos en la misma escuela, en el Educational Center, junto a personas de diversas nacionalidades. Yo estuve en dos periodos, un total de 5 o 6 años.

 

— ¿Fue en ese contexto que conociste al gran Jiddu Krishnamurti?

— Efectivamente. Gracias a mi padre, y a las sincronicidades y misterios de esta vida, no solamente le conocí sino que estudié en la escuela fundada por él en el sur de Inglaterra. Fue una maravilla estar sentado junto a este sabio y conversar con él. Esto implicó un cambio total en mi vida. Estudiar allí, a una hora y media en tren de Londres, me hizo tomar conciencia de cosas que ya estaban impresas en mí. No fui discípulo de Krishnamurti, porque ni él quería discípulos ni a mí me ha gustado nunca ser discípulo de nadie, pero puedo asegurar que su cercanía cambió el curso de mi camino en muchos sentidos.

 

— ¿En qué cambió tu camino?

— En la concepción de mis valores, en mi visión del mundo y en mis acciones cotidianas. Eso no significa que me convertí en un ser inmaculado, porque seguí acompañado de mis errores, tropiezos, caídas, frustraciones, amores y desamores. Pero en muchos aspectos de mi vida pude lograr más intensidades. Siento un agradecimiento eterno a mis padres, que me dirigieron directa o indirectamente hacia esos seres en el condado de Hampshire.

 

— ¿Me puedes contar alguna anécdota que tengas sobre Krishnamurti?

— En 1986 Krishnamurti padeció un tumor pancreático, y su salud ya no tenía retorno. Estando el maestro en su lecho de muerte, en uno de los lugares que él amaba, que era el valle de Ojai, en el sur de California, se acercaron para despedirlo numerosas personas asociadas a su trabajo. Era casi toda gente relacionada con sus fundaciones, y venía tanto de la India, como del Reino Unido, Estados Unidos o el mundo hispano. Él se mantenía muy centrado, bajo una total ecuanimidad. Y según la versión de un sobrino suyo lejano, una de las personas que se acercó a despedirlo –visiblemente desconsolado– le dijo entre sollozos: "¡Maestro, qué vamos a hacer si usted se va!" A lo cual Krishnamurti respondió textual y literalmente "Make no effort, just be aware", que se puede traducir como "No haga ningún esfuerzo, simplemente esté consciente". Con eso le decía que no se resistiera a nada, que observe todo con consciencia para seguir su camino. De alguna manera era una fina síntesis de su propia mirada.

 

Me cuenta Sara Maluf: "Viviendo César en Amsterdam y yo en Madrid, en el invierno de 1993 se vino a pasar una larga temporada conmigo. Fue un tiempo de andanzas de todo tipo. Deambulábamos por el Madrid de los Austrias, y vivíamos en la calle de los Cuchilleros. En medio de largas charlas y mucha risa, íbamos descubriendo lugares, personas y situaciones de todo tipo. De noche salíamos "de copas". Una noche, tomando cañas en la barra de un bar de Santa Ana, se nos acabó el dinero. Entonces César le dijo al mozo: "...bueno, nos vamos porque nos quedan sólo 100 pesetas". El mozo se quedó observándonos y de repente, entre carcajadas, le dijo: "¡qué dices tío... vosotros sois unos millonarios!, ¡os invito yo!!". Obviamente aceptamos y volvimos a casa caminando del brazo, felices, riendo y cantando en medio de un frío terrible."

"Otra vez recuerdo que caminábamos por el Rastro, fascinados con el movimiento que había. Era domingo, y de repente, en un pequeño local de antigüedades, César vio un sillón de barbero muy antiguo, increíble, y quedó flechado. Entramos, me hizo sentar en el sillón, se puso atrás como si me fuera a cortar e inició el "regateo" con el dueño, un gitano de pura cepa... El trato siguió largo rato con gran seriedad. ¡Pero en realidad no teníamos ni una peseta! Se me ocurre preguntarle: "Cesarito, qué vamos a hacer nosotros con un sillón de barbero?" Con gran desilusión terminó el regateo y nos despedimos del gitano. Pero le había quedado como un impulso de ser peluquero. Por eso Cuando llegamos a casa le dijo a mi hijo (que tenía 4 años): "Veni Cicerón de Mu (así le decía), que te voy a hacer un cortecito de pelo". Cice, feliz, se sentó en sus rodillas y empezó el corte. ¡Estaba tan compenetrado con su tarea, que no podía parar de cortar! El desenlace fue obvio: al otro día partimos con el niño al peluquero para que lo pelaran. Es que había quedado un desastre."

"Al mismo tiempo, en esa época se decidían momentos decisivos muy serios en mi vida, y él estaba ahí cumpliendo una misión. Me cuidó y me ayudó a ordenar situaciones complejas, que culminaron cuando me puso en el avión de vuelta a la Argentina y se quedó ayudando a mi hija mayor, que le faltaba terminar su año escolar. Una vez que estuvo todo en orden, volvió a Amsterdam. Todo esto lo entendí muchos años después. Su actitud jamás fue "tenemos algo difícil que resolver".

 

— ¿Cuándo viajaste por primera vez al Amazonas, y qué encontraste allí?

— Luego de vivir por diversos lugares, a fines de los '90 retorné a la tierra donde nací, por una cuestión de deseo (no constante) de proximidad física. Quería estar un tiempo con mis padres y ver a mis hermanas. Y luego, entre el 2000 y el 2001 viajé por primera vez al Amazonas. Sentí un llamado interior, y cuando me propusieron ir a la selva a probar o experimentar una medicina que se llamaba ayahuasca, acepté inmediatamente y me puse en movimiento para conseguir todo lo necesario para el viaje.

Lo que encontré, aparte de los mundos nativos y los conocimientos sobre las plantas, fue mi propio interior. Todo lo que viví en ese primer viaje era totalmente nuevo para mí. Porque una cosa es tener algunas referencias intelectuales, y otra muy distinta es experimentarlas, sentirlas en la piel. La experiencia empírica es indiscutible.

 

— A partir de ese momento, entiendo que nunca más dejaste de ir. Y podría decirse que hoy es tu casa, porque los nómades como vos hacen de los circuitos que recorren su verdadero hogar. Por lo cual supongo que vives en muchos lugares, uno de los cuales es el Amazonas. ¿Correcto?

— Sí, es correcto. De hecho una amiga lejana me llama "Cesariry de la Selva" o "Cesariry del Mundo". Realmente, por mi aprendizaje y por mi educación global, considero que el mundo es mi hogar. Y así lo vivo. Esté donde esté, en pocas horas hago lo necesario para sentirme en mi hogar, en mi mundo, más allá de cualquier separación fronteriza o cultural. Y por supuesto también más allá de cualquier bandera. Las banderas me parecen trapos inmundos. Por eso me siento un peregrino de la vida. Y lo digo sin pseudomisticismo: soy un caminante del mundo. Donde estoy siempre es mi hogar, y lo trato como tal. Supongo que antes no era tan así, pero con el tiempo, el aprendizaje y los trabajos, lo he reparado; he sanado ese aspecto en mí. En este momento sólo transito el mundo e intento vivir lo que me toca con dignidad, humildad y respeto; más allá del gusto o disgusto que me encuentre en el camino.

 

— Después de haber viajado tanto, ¿consideras que conoces bien el Amazonas?

— No. Obviamente es imposible conocer la inmensidad de la selva amazónica, como es imposible conocer la totalidad del mundo. Conozco alguna gente arrogante que luego de algún viaje por los márgenes amazónicos asegura conocer todo. Pero el Amazonas no se conoce por hacer algunos viajecitos o sacar muchas fotos. La Amazonía en general es un lugar arduo e incómodo. Cuando yo viajo y no tengo dónde dormir recurro a los hoteles que encuentro, pero allí no hay hoteles cinco estrellas ni Spa para turistas extranjeros. Es todo muy complicado. No es un lugar al que yo iría para hacer turismo. Hay muchísimos insectos picadores y víboras venenosas. Además es una zona en permanente tensión, por la codicia desmedida de empresarios que a diario explotan la selva destruyendo todo lo que encuentran a su paso. Y alrededor de todo eso hay gente armada que no conoce el humor. Hay muchos peligros en el Amazonas, pero a su vez cuando uno está allí percibe el poder de la naturaleza. Y eso es algo indescriptible. Te mueve todo, el cuerpo y la mente.

 

— Recuerdo que alguna vez me contaste un viaje surrealista que hiciste por el altiplano boliviano, acompañado por un muerto...

— ¡Sí! Estaba conociendo algunas zonas de Bolivia y era la época previa a la llegada de Evo Morales al gobierno. Estaba en La Paz, pero toda Bolivia estaba bloqueada y no podía moverme hacia ningún lado. Estuve preguntando por todos lados para ver si encontraba alguna posibilidad de seguir el viaje, y finalmente me indicaron un camino para cruzar del altiplano seco al altiplano selvático. Así que me decidí a transitar ese camino. Luego de andar un buen tiempo en autobuses incómodos y trenes hacinados, llegué a un villorio de mineros ilegales de oro, en el cual sólo habían tres bares, unas tiendas y un prostíbulo. Nada más. Estaba en una situación física comprometida porque no me sentía nada bien. Estaba descompuesto y mi estómago retumbaba. Después de pasar una noche infernal, sin ni siquiera poder ir al baño, busqué con insistencia alguna forma para salir de allí y volver a La Paz. Necesitaba alojarme en algún lugar decente para recuperarme. Finalmente dí con el chofer de un Land Rover antiguo y reservé una plaza. Llovía y hacía frío en esa parte de la selva boliviana. El chofer desapareció, y al rato regresó con tres mineros y una mujer con un bebé, y nos pidió que nos reacomodáramos. La mujer se sentó con el bebé adelante. Yo inmediatamente me ubiqué en el asiento de atrás, y justo delante mío se puso uno de los hombres, que tendría 35 años y respiraba con dificultad. Los otros eran sus hermanos menores, y se sentaron a su lado. Comenzó el viaje, y en un momento me nació poner mi mano detrás de la cabeza del hombre que tenía enfrente, como forma de pasar energía, o hacer reiki como le llaman los modernos. Mi gesto significaba: "te voy a ayudar a vivir si tienes que vivir, y te voy a ayudar a morir si tienes que morir." El Land Rover andaba por un camino muy estrecho, con precipicios entre la selva y el altiplano, y luego de una hora y media empecé a percibir que el hombre no se movía y su piel se estaba poniendo amarilla. Le toqué el cuello para buscar su pulso, pero ya había dejado de respirar. Le pedimos al chofer que se detuviera, para atender la situación. El chofer detuvo el vehículo pero se mostró muy indiferente, como si no pasara nada. Le vendió por 8 o 10 bolivianos (que sería un dólar y medio para la época) una carpa a los hermanitos del difunto, para que envolvieran el cadáver y lo ataran en el techo. Los hermanitos estaban desolados. Como nadie quería tocar al muerto, le quité los zapatos y le pedí al chofer que me ayudara a subirlo al techo. Lo atamos y así continuó el viaje, con el muerto saltando en el techo de Land Rover. El viaje se puso muy oscuro. Nadie hablaba, ni siquiera lloraba el bebé. Imperaba un silencio "de muerte". Cuando estábamos a unas tres horas de La Paz, paramos a desayunar en una especie de bar que encontramos. Eran las 10 de la mañana. El desayuno era bastante agradable, pero noté que los hermanitos no entraban al bar. Es que con los bolivianos que se habían gastado en la carpa para el muerto se habían quedado sin dinero, así que los invité al desayuno. A todo esto mi descompostura sólo aumentaba, y tuve que ir a un baño inmundo. Mi cagadera era descomunal. Retomamos viaje, y luego de una hora llegamos a una pequeña ciudad andina. Seguía todo cerrado por el bloqueo, pero en una esquina vi un hotel hermoso y gigante. Inmediatamente decidí quedarme allí hasta que se desbloquearan los caminos... y mi estómago. Me despedí de los habitantes del Land Rover, tanto de los vivos como del muerto, y fui a buscar una importante provisión de papel higiénico. El hotel era muy cómodo, lo había construido un belga 100 años atrás, y yo era el único huésped en ese momento.

 

— ¿Hay alguna diferencia entre la muerte amazónica y la muerte europea, o es la misma muerte? Lo pregunto porque nunca he visto un Land Rover con un muerto arriba viajando por Cataluña.

— En ciertos aspectos sí hay diferencias. Pienso que la muerte en el Amazonas es "más natural" que en Europa. Allá está incorporada de otra manera en los procesos de vida; está menos negada. Y eso se puede comprobar en todo, en los rituales religiosos, en el arte indígena o en las expresiones populares. De hecho, cuando se toma medicina es común hablar de tener una "muerte mística" o "morir al pasado". Y a la ayahuasca se la conoce en muchos lugares como "la soga del muerto". La muerte en el Amazonas está muy implícita en el proceso de vida. En cambio en Europa se le teme desmesuradamente. 

 

— ¿Y tú qué piensas de la muerte?

— Que la muerte forma parte de nuestro proceso de vida. Por eso está siempre con nosotros. Negarla es una torpeza, es como negarse a sí mismo. Cuando el tránsito por la vida llega a su fin irrevocable, hay que saber morir, en el sentido de purga, de pasar página y dejar atrás lo que ya pasó, sean placeres, heridas, relaciones o riquezas. Eso es lo que he aprendido con las enseñanzas del maestro Krishnamurti y con los trabajos con la medicina. En ese proceso interior de "morir al pasado", casi inmediatamente se produce lo que llamamos renacimiento. Que es una renovación saludable, porque cuando un humano acumula y acumula y acumula, se carga de tantas cosas que ya no puede dar ni un paso por el peso que soporta. La actitud de intentar perpetuar eternamente determinadas situaciones terrenales me parece de una profunda ignorancia. Porque nosotros, como el árbol o el río, somos seres dinámicos; y como seres dinámicos estamos en mutación constante. Tenerle miedo a la muerte es tenerle miedo al cambio, es resistirse a la naturaleza.

 

— Claro... aquí en Europa la idea de la muerte parece como más industrial.

— Son las cosas que tiene la sociedad moderna. Y no sólo marginan a la muerte, sino que incluso la anticipan. Porque cuando pasas determinada edad –o dejas de tener un perfil productivo determinado– te mandan a la casa o te proyectan en un centro para ancianos, y literalmente te olvidan. Te consideran inservible e ignoran los conocimientos que has adquirido a lo largo de toda la vida.

 

— ¿A qué le tienes miedo?

— Ya no me acuerdo (ríe). A lo largo de los años he pasado de tener miedo a no tener. También he pasado de ser amado a que no me ame nadie, lo cual ocurre evidentemente. Y aprendo a vivir con eso. La misma vida se ha encargado de mostrarme que he estado siempre protegido y cuidado. Tengo un aro de protección y gozo del cariño y afecto de un determinado número de personas. Así que ya está. Me parece importante vivir con cautela, pero no con temor, porque destruye. 

 

— Supongo que si tuvieras miedo no podrías funcionar como "despertador", porque el miedo inmoviliza.

— Considero imposible vivir en libertad si existe la presencia del miedo. ¡Es algo absolutamente excluyente!, no se puede vivir con temores. Y no estoy hablando del temor a algo en particular, sino de la raíz el temor. Vivir con temor no es vivir, es suicidarse en cuotas. Y calmarlo un poquito tampoco sirve, porque queda ahí latente y ante cualquier catalizador se manifiesta para anular todo lo vital. El miedo mata más que la muerte, y lo peor es que te mata antes de morir. El miedo te hace ver monstruos horrorosos que no existen y no te deja ver lo maravilloso de la vida.

Entiendo que nadie tiene miedo por capricho, sino que muchas veces el miedo tiene un origen traumático complejo. Pero sea como sea, lo único que se puede hacer es enfrentarlo de raíz y resolverlo. Es inútil caer en autojustificaciones para evitar confrontar el miedo. Y no es una cuestión de coraje, sino de decisión, porque las cosas se aprenden haciendo, no teorizando o hablando sobre ellas.

Y la raíz del miedo, siempre se encuentra en el ego, en el intelecto. De eso no tengo dudas. Ser cauto y cuidadoso te ayuda a sobrevivir y te impulsa a actuar cuando es necesario. Pero el miedo supone sólo parálisis. Lamentablemente en las sociedades modernas, existe todo un gigantesco dispositivo para inducirle miedo a la población. Psicólogos o psiquiatras, religiosos, políticos y empresarios se empeñan en meter miedo para lograr control. Y el resultado de eso es una tragedia.

 

César bendiciendo las cervezas del chiringuito

Performance mediterránea de César Alejandro Maluf

 

3 - AYAHUASCA

 

— Como conductor del trabajo con ayahuasca, ¿con qué palabra te sientes más cómodo: guía, chamán, curandero, ayahuasquero o doctor?

— Yo me considero a menudo un simple "despertador". Con la modestia y humildad que corresponde, no acepto ser llamado chamán, maestro, curandero o doctor; pero jocosamente, entre la gente amiga y cercana, en muchos lugares me llaman "Doc", "Doctor" o "Maestro César". Pero bueno, esos son gajes del oficio. Yo no me pongo etiqueta. Después de transitar por décadas de caminos y vidas, soy un simple humano caminando mi sendero de vida, totalmente en paz –en el sentido de no conflicto–, y haciendo lo que amo hacer en esta vida.

 

— ¿Qué es la ayahuasca?

— Estrictamente es el resultado de la cocción de la liana Banisteriopsis caapi o ayahuasca, junto a la Psychotria viridis o chacruna. Algunas etnias o grupos suelen agregarle otro tipo de plantas, cosa que yo no hago. La ayahuasca básicamente es sanación y luz para el espíritu de quien la toma.

 

— ¿Qué es lo que cura la ayahuasca?

— Todo.

 

— ¿Puede curar tanto un estado emocional como una enfermedad física?

— Si, su efecto es global. Sana y limpia el espíritu, literalmente. Trabaja sobre la totalidad del humano. He visto "casos perdidos" para la medicina moderna, que se curan luego de dos o tres meses de dietar con ciertas plantas en sus contextos adecuados. Y sanaciones que la medicina tradicional califica de "imposibles".

 

— Entiendo que ya llevas casi 20 años en contacto con la ayahuasca. La has tomado en forma regular, has vivido experiencias muy intensas y la has compartido con muchísima gente. ¿Conoces algún caso donde alguna persona haya sufrido algún daño colateral por el consumo de ayahuasca?

— No, nunca. Sí he visto gente que cambia su forma de ver la vida, y sanación de tumores. Pero daños, nunca.

 

— ¿O sea que no se ha muerto nadie por tomar ayahuasca?

— Que yo sepa no. Pero supongo que habrán algunos casos. Hay que tener en cuenta que mucha gente llega a las ceremonias con situaciones de salud muy precarias... personas con cáncer o corazones muy débiles. En esos casos el riesgo de muerte puede ser alto, pero en todo caso no es la ayahuasca el problema. Hablo siempre pensando en un contexto de sanación y consumo responsable. Fuera de ese contexto, pues no sé, supongo que puede pasar cualquier cosa.

Yo le he convidado medicina a gente anciana y a niños con sus padres presentes, y nunca he visto efectos negativos. Todo lo contrario. Claro que siempre hay que hacerlo con cuidado, contemplando la particularidad de cada caso.

 

— Cuando estás en la ceremonia ¿tomas medicina siempre? ¿Tu función de "despertador" lo haces bajo la ayuda o los efectos de la planta? 

— Totalmente. Sí. Siempre.

 

— ¿Puedes notar "un antes y un después" en la gente que toma la medicina?

— Están quienes acceden a la medicina para combatir el aburrimiento, para maquillar su status quo o por la simple novedad de probar algo distinto a su cotidianidad. Y están aquellos y aquellas que lo hacen buscando sanación, a veces con patologías físicas o psicofísicas muy graves. En este segundo caso, "el antes y el después" se nota mucho y funciona en forma maravillosa.

 

— ¿Haces alguna interpretación de los efectos logrados?

— No tengo interpretaciones. Esto es una cosa simple y contundente, no es para que lo interprete el cerebro con sus condicionantes y limitaciones. Esto no es psicoanálisis.

De hecho si a mí me preguntan si vi tal cosa u otra, nunca tengo nada para decir. En una ceremonia, donde por ejemplo participan diez personas, sería un error pensar que quienes están conduciendo la experiencia son los que generan lo que allí sucede. Lo que pasa en una ceremonia es el producto del input del grupo. La experiencia se construye con la totalidad de las personas que participan en una ceremonia.

Los ícaros que canto para acompañar las ceremonias no son míos, nunca sé lo que está por salir de mi garganta. Hay algo que usa mi conocimiento y formación para llegar exactamente a cada persona de acuerdo a lo que está necesitando. Por eso siempre digo que esto de trabajar con la medicina no es una cuestión de mérito personal, porque no lo es. No creo mucho en las etiquetas... de si uno es chamán, curandero o sanador. Yo sólo ofrezco mi intención, y me pongo a disposición de la planta y de la gente con mis conocimientos y experiencia.

 

— ¿Me puedes comentar algunos aspectos que consideres muy importantes en el trabajo con ayahuasca?

— Sí. Para mí es esencial entrevistar a las personas que le voy a convidar medicina. De esa manera me puedo dar cuenta si es conveniente que hagan la experiencia o no. En las entrevistas intento explicarles lo que la medicina podría llegar a causarles, y les doy ciertos parámetros previos sobre preparación y alimentación. Si esto no se hace pueden surgir problemas.

Hay una serie de alineamientos con la alimentación que es conveniente seguir, como por ejemplo no comer carnes ni grasas los días anteriores a la toma de medicina y suprimir los alcoholes. También se recomienda suspender o reducir lo más que se pueda el consumo de harinas o arroces blancos y otros productos refinados. Tomar mucha agua, comer frutas, ensaladas, verduras al vapor, arroz integral y quinoa. Con estos cuidados en la alimentación la medicina podrá hacer su trabajo sin tener bloqueos.

En el caso de que la persona esté tomando medicamentos alopáticos, es mejor suspenderlos un par de días (si es posible). También es importante conocer su presión arterial y saber si ha tenido alguna operación previa de importancia. Y si consume drogas sintéticas, debe suspenderlas varios días antes de tomar la medicina. En esto hay que insistir, porque en algunos casos la gente miente: te dicen que hace mucho que no toman y en realidad han tomado cinco días antes, o incluso el día anterior. Y las drogas sintéticas interfieren bastante en el trabajo que hace la medicina, porque suponen energías que chocan unas con otras.

A veces hacemos una purga previa de dos o tres horas con tabaco selvático o mapacho, que es muy fuerte y absolutamente efectiva. Esto limpia en profundidad el colon, la sangre y las emociones, y prepara el cuerpo para recibir la medicina. Ayuda mucho.

 

— He visto muchas formas de trabajar con la ayahuasca, de acuerdo a la interpretación que cada guía o chamán hace de la experiencia o la ceremonia. Algunos grupos son muy estrictos con las dietas y otros no; están aquellos guías que casi no intervienen durante la toma, otros que van improvisando de acuerdo a lo que va surgiendo, y quienes tienen un guión ritual perfectamente definido. También están aquellos que utilizan la ayahuasca sola, y quienes la combinan con otras infusiones. ¿Tú tienes alguna interpretación particular del trabajo con la medicina?

— El trabajo con estas plantas no precisa interpretación. Es una experiencia directa y empírica que involucra a las todas las células del cuerpo, el ADN, el corazón en su sentido profundo y lo mental. Y cuando digo "lo mental" me refiero a una amplitud que trasciende la estructura cerebral o lo intelectual.

 

— ¿Pero no adhieres a alguna forma tradicional de consumo?

— No. Y personalmente tampoco adhiero a ninguna escuela de pensamiento.

 

— ¿O sea que para ti no hay una sola forma de usar la medicina?

— No. Para mí, no. Y de hecho yo lo hago a mi manera. Me choca un poco ver personas que entienden que sólo debe hacerse de una manera (la que saben ellos). No estoy de acuerdo con quienes se rigen por la moda de algún patrón estricto. Trabajar la medicina de acuerdo a una formulación intelectual, como cualquier cosa que se estudia y aprende, o como algo fijo, no me parece creativo. Creo que así se pierde el poder de lo nuevo.

 

— ¿La ayahuasca es para todo el mundo o no?

— No, nunca diría que es para todo el mundo. Es algo demasiado serio, y el mundo no es muy serio con ciertas cosas. Entonces yo no diría que todo el mundo tiene que tomar esto. Por ejemplo, los que buscan "drogarse" no deberían tomar ayahuasca. Después hay personas –pocas– que toman una vez y como no encuentran lo que esperaban encontrar, o no entienden lo que les pasó, se alejan y no vuelven a tomar. Y están quienes se acercan con seriedad y respeto, cruzan la línea de los temores, y aunque hayan tenido una experiencia difícil vuelven a intentarlo unos días después, con la intención de profundizar el trabajo. Y poco a poco se van dando cuenta de los efectos de esto. 

Tomar una o dos veces no es nada. Por eso resulta interesante que quien decide empezar con esto tome medicina al menos en media docena de ceremonias, para darse cuenta de qué se trata. El efecto vibracional de las medicinas es expansivo, y continúa actuando un tiempo por más que uno no tome. Además nunca una ceremonia es igual a otra, sino que son totalmente diversas. Dependen de quién las hace, de quiénes participan, del estado psicofísico de cada individuo en el momento de ingerirla y de otra sumatoria de aspectos. 

Hay gente que no entendería esto que te comento, o que no está ni preparada ni dispuesta para experiencias de este tipo. Nunca diría que todo el mundo tiene que tomar ayahuasca.

 

— ¿Qué le recomendarías a alguien que quiera tomar ayahuasca por primera vez?

— Le recomendaría que se informe muy bien a través de referencias de confianza y fuentes serias. Con eso hay que tener cuidado, porque si uno entra en internet y teclea "ayahuasca" en un buscador, le aparecerán miles de entradas con información muy contradictoria o confusa. Muchos oportunistas (entre ellos psicólogos, psiquiatras o supuestos científicos), al ver que funciona y se populariza, inmediatamente buscan su explotación comercial y la forma de generar una clientela. Algunos prometen distintas cosas y otros se autoasignan poderes o sensibilidades especiales, pero detrás de todo eso suele estar la expectativa económica como única variable. Y como ya he dicho antes: con esto no se juega. Esto va muy en serio. Por eso recomiendo cierto grado de escepticismo a la hora de informarse, porque hay que hacerlo con cuidado y precisión para evitar la charlatanería.

 

— ¿Qué pasa si alguien consume ayahuasca sin tener información previa y con objetivos recreativos? ¿existen riesgos de algún tipo?

— El consumo de la ayahuasca no debe ser recreativo. Es muy peligroso jugar con estas medicinas, porque no tienen nada de recreativo, más bien todo lo contrario. Son plantas de sanación muy poderosas, que si no las tratas con seriedad se pueden volver en tu contra como un bumerang. Las ceremonias suponen un trabajo muy arduo con la medicina, porque si le pides algo te lo dará o te lo mostrará claramente. Y lo que te muestre puede llegar a ser muy duro. Hay que tener una preparación previa para estas experiencias, no se puede tomar a la ligera. Cuando se la trata con respeto y se le permite actuar con conciencia, el resultado de la medicina es maravilloso. Pero insisto en que con la ayahuasca no se juega. 

Cuando se usa la medicina con fines recreativos el mayor riesgo que existe es la aparición de brotes psicóticos. O también puede suceder que alguien quede inmerso en una situación de oscuridad difícil de gestionar.

 

— Quienes etiquetan a la ayahuasca como droga, seguramente también la relacionan con el tema de la adicción. ¿Puedes aclarar esto?

— La ayahuasca no se acumula como residuo en el hígado, porque es un potente purgante. Las adicciones se dan normalmente con sustancias sintéticas. Estas medicina no producen adicción, sino todo lo contrario: son muy eficientes en el tratamiento contra la adicción a las drogas duras.

 

— ¿Existe cierta idolatría hacia la planta en los círculos ayahuasqueros?

— Yo no idolatro el espíritu de las medicinas. Lo respeto y conozco su sacralidad. Y muchas personas a mi alrededor también lo entienden así. A mí, me parece terrible idolatrar. 

 

— ¿En qué lugares has trabajado como "despertador" o guía para consumir ayahuasca?

— Hasta ahora lo he hecho en diferentes regiones de Argentina, Bolivia, Perú, España e Italia.

 

— Tú siempre te refieres a la ayahuasca como una medicina. Sin embargo, en España, numerosos medios de comunicación suelen publicar con frecuencia noticias sensacionalistas con la ayahuasca como protagonista. Hace dos meses, por ejemplo, El Español (en su edición digital del 26 de junio de 2018) identificó a la ayahuasca como "la droga alucinógena de moda en España", advirtiendo que su consumo produce "disfunciones en el córtex cerebral", y "revelaciones espirituales y extraterrestres". ¿Qué piensas de este contraste interpretativo tan marcado?

— Pienso que aquí, como en muchos lugares, la ignorancia humana parece no tener fin. Están quienes se sienten con derecho a opinar de algo que desconocen, y quienes consumen este tipo de "medicina" con fines recreativos y sin criterio alguno. Hay profunda ignorancia en ambos casos.

En primer lugar las plantas de poder son siempre visionarias. Eso implica que cuando un ser humano las consume ve lo que normalmente no vería con su ojo desnudo, porque no está preparado ni desarrollado. Y en segundo lugar hay que saber diferenciar entre visión y lo que llaman alucinación. Las alucinaciones generalmente son producidas por sustancias químicas sintéticas, que reaccionan en nuestro organismo y nos hacen percibir falsas realidades; realidades que sólo existen en nuestra cabeza. Lo mismo puede suceder con estados de profundo alcoholismo, por ejemplo. Pero la ayahuasca es una bebida fundamentalmente visionaria, y produce algo muy distinto a una alucinación.

 

— ¿Qué opinas de la forma en que se consume ayahuasca aquí en Europa?

— En primer lugar pienso que frente a la trampa consumista del mundo moderno y ante el desespero existencial que ello implica, Europa se ha transformado en un gran supermercado New Age (o "nueva era", que en realidad no es tan nueva). Siento y veo un gran temor no consciente y un profundo desconocimiento por todo lo que no es dinero y consumo. Entonces la ayahuasca muchas veces entra los circuitos New Age locales, que suelen ser muy ingenuos e ignoran sus usos curativos, o bien queda presa de contextos comerciales donde se la trata como a una droga más. Y la ayahuasca y otras plantas maestras o plantas de poder, no son drogas; son plantas visionarias con un poderoso potencial sanador. 

Entiendo que aquí en Europa hay algunas personas que trabajan la ayahuasca y otras plantas maestras con mucha seriedad, pero no creo que sean mayoría. Este tema suele estar explotado con mucha frecuencia por gente cuyo leiv motiv es ganar dinero y nada más. 

Tomar ayahuasca es un trabajo arduo, porque en realidad supone cruzar ese terreno pantanoso y oscuro de la propia sombra. Mucha personas piden vivir este tipo de experiencias, pero en realidad no quieren e inmediatamente reaccionan con temor. Temor a lo desconocido y a lo que sale de sus esquemas de control. Y quienes sólo se centran en perseguir placer y evitar dolor, pierden de vista la vibración sanadora de estas medicinas. Estas medicinas son absolutamente sanadoras. Sanan el espíritu y toda la estructura psicoemocional del ser humano, pero necesitan del contexto correcto y de las personas adecuadas. Quien lleva adelante un trabajo de sanación con ayahuasca, o una ceremonia de este tipo, debe tener la experiencia y el conocimiento suficiente como para poder lidiar con las resistencias que los individuos exponen al enfrentarse a sí mismos.

 

— En muchos lugares de España, especialmente en Barcelona, hay supuestos chamanes o neochamanes que publicitan a través de flyers o sitios webs sus "terapias" o trabajos con ayahuasca. ¿Pueden ser fiables estas referencias?

— Personalmente tendría mucho cuidado. Las personas que se acercan a estas experiencias deben tener claro porqué lo hacen, quién es la persona que guía y cómo trabaja las medicinas. En Latinoamérica hay más conciencia sobre este tipo de prácticas, pero en Europa impera el desconocimiento o se visualizan las ceremonias como un mero comercio. Por eso hay que tener cuidado. Aquí han habido casos de abuso sexual o manipulación de personas por supuestos chamanes o curanderos. O sea que no solamente hablamos de charlatanería y comercio. Por eso, la experiencia con ayahuasca debe ser abordada con responsabilidad y un profundo respeto, entendiendo su sentido de sacralidad original. Cuando esto no se comprende, yo no recomiendo la experiencia. Para quien no asume responsabilidades, es mejor permanecer en su status quo sin alterar nada, para así evitar problemas. Porque estas medicinas son fuertes y no tienen nada de recreativo.

 

— ¿Sabes si los grupos que consumen ayahuasca aquí en España tienen en cuenta los cuidados básicos que tú consideras necesarios?

— No lo sé con precisión. Aquí he visto avisos para tomar ayahuasca, donde juntan grupos de personas muy numerosos. En esos casos no creo que hagan trabajos previos o entrevistas demasiado serias, ya que sospecho que la principal motivación es cobrar dinero. Pero también sé que hay gente muy bien formada, que va y viene de la selva, y realizan estos trabajos con mucha seriedad y capacitación.

En los trabajos que hemos hecho aquí nos encontramos con algunas personas que habían tomado medicina en muchas ocasiones, pero en realidad parecía como que nunca lo habían hecho de forma efectiva. Eso me llamó la atención.

 

— Algunos antropólogos entienden que un chamán es una figura constituida culturalmente y condicionada desde su propio entorno. ¿Se puede hablar de chamanes occidentales en contextos europeos, o de psicólogos devenidos en neochamanes?

— Sí, creo que se puede. Si se trabaja bien la medicina, da igual dónde se ha nacido. Y la etiqueta que se use (chamán, psicólogo, curandero, etc.) es siempre relativa, no determina el éxito de una medicina. Recién citaba algunos malos usos en Europa, pero la selva amazónica tampoco es garantía de nada, porque hay muchos casos de abusos y manipulaciones y no es sencillo dar con alguien realmente serio en el uso de las plantas de poder. Incluso hay integrantes de ciertas etnias que han olvidado la tradición curativa de las plantas maestras y les temen.

 

— O sea que el llamado "turismo psicodélico" también debería ser responsable y no subestimar la complejidad de las culturas indígenas.

— Exacto. En la selva el riesgo de los "amarres" peligrosos es un hecho cotidiano que todos evitan y los extranjeros ignoran. En la selva hay brujos de distintos tipos, y algunos son muy temidos. Hace poco supe el caso de un turista norteamericano que anduvo por la selva y le hicieron un amarre muy poderoso. Quedó como en un estado de autismo permanente. Los familiares lo buscaron y lo llevaron a distintos médicos de la USA, pero nadie pudo hacer nada. Europeos, norteamericanos o rusos suelen ser muy incrédulos con los misterios de la selva, y eso les puede llegar a traer problemas.

En la selva peruana se ve mucho este tipo de turismo llamado "psicodélico". Se trata de gente que tiene dinero y busca algo nuevo. Generalmente tienen la expectativa de vivenciar sensaciones extraordinarias y ver muchos colorcitos, y para ello pagan lo que sea. No voy a juzgar eso, pero puedo asegurar que una experiencia sanadora con ayahuasca no tiene nada de empatía con el "turismo psicodélico".

 

 

4 - FIN DEL PERIPLO EUROPEO

 

— Te sientes un ciudadano del mundo, y desde hace tiempo que viajas y te mueves de un lado a otro. Viajas de Argentina a la Amazonía, de allí a España e Italia, luego a Perú y Bolivia, regresas a Argentina (Salta, Córdoba, Mendoza, etc.) y vuelves a viajar... Y no tienes ni casa, ni automóvil, ni tarjeta de crédito, ni ahorros, ni becas. ¿Cómo haces para evadir el tirano "sistema" social actual?, ¿cómo funciona un "despertador enteógeno" en un mundo capitalista?

— (Ríe) Durante mucho tiempo convidé medicina sin pedir ni dinero ni nada a cambio. Pero ahora pido una suma razonable que me permita moverme de un lugar a otro y pagar la medicina. Y es cierto que no tengo ni casa, ni auto, ni tarjeta, ni cuenta bancaria, ni ahorros... pero tengo confianza. Y aunque le suene extraño a quien no conoce de esto, la medicina siempre me lleva en brazos. Literalmente, siento que la protección que se crea a mi alrededor y en mi interior, gracias a la vibración de la medicina, es absolutamente real. Por eso vivo sin temor.

No se puede ser libre a medias. Una libertad a medias no es verdadera. No se trata de hacer lo que uno quiere, sino comprender lo que uno es. Entonces, claro que yo paso por las mismas cosas que cualquier otro humano... pero no dependo de cosas que encadenan mi libertad. Vivo de forma simple, modesta y austera. 

 

— Me resulta evidente que tu forma austera de vida tiene sus virtudes, ya que tu cuerpo se ve muy firme y la vitalidad te sale de los poros. ¿Sientes que en la vida que has elegido vivir falta algo?

— Debo haber tomado unas 1.600 veces la medicina... al cerebro siempre le parece que le falta algo, pero en realidad no me falta nada. La medicina te pone muy firme y muy fuerte. Te vibra y enseña. Es una gran educadora, una maestra sanadora. Probablemente no me muera nunca, o cuando me muera lo haré sonriendo. Porque la cronología es solamente anecdótica, lo importante es la intensidad con que se vive.

Vivo en abundancia de familias y rodeado de seres amorosos. Todas personas verdaderas y simples, lo cual es una fuente inagotable de afecto profundo. Para mí lo simple es realmente lo bello. Lo necesario para moverse en el mundo siempre aparece en forma natural, por supuesto poniendo la intención y lo mejor de uno en lo que hace. A los lugares donde voy siempre encuentro gente que me ofrece alojamiento y cosas para compartir. Claro... a veces me gustaría tener un poco más de solvencia económica para moverme más o mejor, pero si no puedo moverme no lo hago y no pasa nada. Sólo intento mantener una línea de sobriedad y estar bien. 

 

— Dentro de un par de días se terminará tu periplo europeo. ¿Salou ha logrado convertirse en tu hogar?

— Por supuesto. Ya te dije que donde voy hago hogar.

 

— ¿Qué quedará de Salou en tu mirada de caminante?

— Queda un lugar bello y bien ordenado por la mano de quienes trabajan con el turismo. Me parece un lugar fantástico para descansar en esta época de postemporada, ya que me dicen que en julio y agosto no es tan tranquilo como ahora. He disfrutado muchísimo del horizonte abierto, del mar calmo y de los cielos. Me gustó su gastronomía, sus avenidas con palmeras y sus bellísimos alrededores. Caminé y descubrí muchas cosas, y todo esto ha sido endulzado por la compañía y la gran hospitalidad de los amigos que tengo aquí (me mira con complicidad).

 

— ¿Le identificas alguna personalidad a Salou?

— Más que personalidad le veo un carácter muy decidido y firme, que responde mayormente al influjo turístico. Evidentemente eso trae dinero y prosperidad material, y me ha impresionado ver la cantidad de construcciones dedicadas a la industria turística. Es un lugar con una infraestructura de ocio enorme. Bueno, supongo que es algo parecido a lo que se podría encontrar en cualquier estación turística de importancia en Europa.

 

— Creo que aquí has encontrado cosas que no hay en el Amazonas. Por ejemplo, en la selva peruana no creo que encuentres un Port Aventura o un parque temático de Ferrari (bromeo).

— No, no (ríe). Y allá tampoco hay tanta gente con dinero dispuesta a descansar o salir de fiesta, como se ve aquí.

 

— ¿Te has sumergido en el Mediterráneo?

— Me he bañado en el mar al menos dos veces por día. Y eso ha sido así porque el día no es más largo. ¡Me pareció fantástica la temperatura del agua!

 

— ¿Alguna gastronomía de la zona que quieras destacar?

— Además de las pastas italianas que comimos en la cena de anoche, y un par de lugares del centro que no recuerdo su nombre, me encantó el restaurante Llop de Mar, en la primera línea de mar de Cambrils.

 

Bolso de mano de César, con su móvil Samsung de pantalla trizada y el rapé
Bolso de mano de César, con su móvil Samsung de pantalla trizada y el rapé

 

5 - EL VIAJE CONTINÚA

 

César dejó Salou como última escala europea. Lo fui a buscar al aeropuerto de Barcelona el lunes 25 de setiembre a la 1:15 hs. Habíamos hablado de compartir una experiencia con ayahuasca, como otras veces en otros tiempos. Pero venía de realizar muchas ceremonias en distintas localidades de España e Italia, y estaba cansado. Igual había traído medicina, y estaba dispuesto a tomar para complacer mi expectativa. Lo hablamos una sola vez y coincidimos en priorizar la amistad y cosas un poco más terrenales. En definitiva si tomábamos medicina había que dietar y mantener cierta disciplina, y yo tenía una importante acumulación de bebidas espirituosas muy aptas para celebraciones y re-encuentros. Y César merecía un buen recreo.

Si bien no tomamos medicina, hicimos un extraño pacto. Él viajaba de Madrid a Perú, y allí pensaba ofrecer varias ceremonias entre lo que quedaba de octubre y parte de noviembre. Y luego lo esperaba Argentina. Entonces me dejó una botellita pequeña, con medicina para dos ocasiones. "Coordinemos día y hora para tomar juntos, tú aquí y yo en la selva... el éter del Cosmos sabrá juntarnos" –me dijo. Y agregó: "Recuerda que es una medicina muy potente, no es de las suavecitas que circulan por aquí. Ésta deja patas arriba a cualquiera." "¡¡¡Yupi!!!", exclamé yo. Él no era de dejarle a nadie medicina en estas circunstancias (fuera de ceremonias y protocolos). Pero ya expliqué, en la introducción, que éramos cómplices enteógenos. Y además él sabía de mi excelente relación con la planta. Y también me dejó una botella grande, con medicina diluida. Esta última para que tome un pequeño traguito todos los días antes de ir a dormir. "Lo tomas hasta que se acabe, así la planta hace su trabajo con calma mientras duermes" –me dijo. Y como si fuera poco, nos regaló su pipa amazónica de rapé, y un frasquito con el rapé que él había preparado. 

El martes 3 de octubre lo acompañé a la estación de trenes de Tarragona, con rumbo al aeropuerto de Madrid, y a partir de ahí nos manejamos casi a diario con el wassap, como siempre. Me envió muchas fotos y me contó de sus encuentros. Pasaron los días y coordinamos hacer las "ceremonias a distancia". Y así fue como tomamos ayahuasca el lunes 30 de octubre y el viernes 3 de noviembre, juntos pero separados por algo menos de 10.000 kilómetros, un océano y una selva. Fueron experiencias maravillosas, de esas que te hacen reconciliarte con el Universo entero. Aunque debo reconocer que con el rapé no me fue tan bien. Lo esnifé una vez y me quedaron los ojos rojos como dos tomates durante unas horas.

 

El 24 de noviembre César me escribió unos wassap. Me lo imaginé escribiendo en su móvil Samsung de pantalla trizada mientras caminaba, como hace él, o sentado en un bus:

 

 [10:04, 24/11/2017] César Maluf: BDIA ALEJANDRO Y LUDO DE DESDE AREQUIPA Y VIAJANDO A BOLIVIA Y SALTA ENSEGUIDA. ESPERO CRUZAR A JUJUY LUNES DE MAÑANA SI TODO MARCHA.

..... (me cuenta más cosas)

CÓMO ESTÁN UDS.?

AHORA, ME VIENE DICIEMBRE DE INTENSO TRABAJOS COMENZANDO 2 DICIEMBRE SALTA CBA Y MZA.

ABRAZOS GRANDES

 

César me envió varias fotos. Me llamó la atención la de un restaurante colorido. Al verla pensé en que me gustaría estar con él compartiendo la comida de allí. En la última foto aparece una niña con una sonrisa hermosa y con una mirada luminosa.

 

[14:07, 24/11/2017] alecrimi: Hermosa gente, hermosos lugares... Me da morbo el restaurante El Anzuelo!!!! Gracias por compartir!!!!

 

[15:26, 24/11/2017] César Maluf: María Emilia la 7ma del grupo

 

El 27 de noviembre las 8 de la mañana, Ludovica recibió una llamada donde le explicaron que César había tenido un problema en el corazón y había partido.

 

Luego su hermana Sara me contó lo sucedido: "César partió el 26 de noviembre a las 12:50 hs. en La Paz, Bolivia. Sucedió en el momento en que el colectivo –en el que veníamos desde Copacabana, luego de cruzar el Titicaca– entraba a la terminal. Apenas bajaron todas las personas, empezó su proceso de partida. Yo estuve a su lado, todo el tiempo, dándole aire, masajes en los bracitos, pasándole agua florida en el pecho y la cabeza... mientras pedía un médico a los gritos y lo llamaba a él pidiéndole que no se fuera. Hizo su tránsito en plena conciencia, totalmente presente en cada segundo del proceso. Absolutamente tranquilo, con gran serenidad, fue transitando su salida del cuerpo, hasta que la completó. Yo estaba tirada a su lado y pude acompañar, también con plena conciencia a pesar de mi total desesperación, toda su despedida. Parece contradictorio que en medio de mi dolor sólo puedo agradecerle a mi amado hermano que me haya permitido estar a su lado en ese momento y todos los días previos, tanto en la selva, haciendo el trabajo con las plantas maestras junto a seres muy queridos y luego recorriendo sitios maravillosos, como Kuelap, la Campiña de Moche y tantos otros, como los días únicos e irrepetibles en los que ya viajábamos los dos solos. Fue absolutamente maravilloso y si me dijeran que si quisiese evitar todo lo vivido en esos momentos, podría hacerlo, no lo haría. Él me eligió y me preparó para que fuera así, y así lo elegiría y aceptaría siempre. Todo esto que te comparto es el tesoro que guardo en mi corazón."

 

Junto a las lágrimas derramadas por Sara, Ludovica y las mías, intuyo las de los cientos de "seres amorosos" (como él los llamaba) dispersos a lo largo de miles de kilómetros, que compartían con él complicidades entrañables. Seres de distintas localidades argentinas, bolivianas, peruanas, españolas e italianas, con los cuales, a pesar de no conocerlos, me siento hermanado. Supongo que eso debe ser un milagro. No un milagro espectacular, sino sutil. Y hermoso... Al fin y al cabo, como decía César, lo simple es bello.

Así que en estas circunstancias, intento despedirme con una sonrisa. Y una frase que seguramente ya conocerán:

 

"Make no effort, just be aware"

 

Y que siga el viaje!

 

Salou, Tarragona. 09-06-2018

(¡Feliz cumpleaños, querido amigo, allí donde sea que te encuentres!)

 

César Alejandro Maluf (imagen de su muro de Facebook)
César Alejandro Maluf (imagen de su muro de Facebook)