Entrevista a Kardo Kosta

PARTE 2

Por A. Crimi

Portada del libro "Dedografía", de Kardo Kosta (2020)
Portada del libro "Dedografía", de Kardo Kosta (2020)

DEDOGRAFÍA, EL LIBRO

— Dentro de tu universo subjetivo, ¿cómo surge la idea de hacer el libro Dedografía?— Entiendo que el universo subjetivo tiene que ver con mi punto de vista, mi punto de fuga, incluida la perspectiva. En el arte y en la creación me parece genial empezar con lo que uno piensa acerca de las cosas de la vida, ya que vivir es un arte; y sobre todo saber vivir, sin complicarse, en este pequeño pasaje que tenemos. 

Siempre hay un antes y un después. El antes es el inicio y el después siempre cambia. En mi caso se impone la dinámica del Kaos y la activación de varias cosas a la vez. Y luego, en algún momento, se encuentran todas las variables. Pero ese encuentro no lo decido yo, sino las propias variables.

Y respondiendo directamente a la cuestión del libro, todo empezó allá por el 2009, cuando me propuse escribir frases cortas todos los días. Después llegó a mis manos un iPad, y con el ello el concepto de que es un atelier ambulante: podés dibujar, pintar, hacer videos, música (a esto todavía no llego), escribir, y varias cosas más.

Entonces, con la idea de hacer algo todos los días, empecé la dedografía, que era simplemente dibujar con el dedo en la pantalla. Luego me di cuenta que en esa misma pantalla podía hacer xilografía o dar el efecto xilográfico, y lograr a nivel visual lo que hacemos normalmente en la madera o linóleo.

Así fue que en innumerables días, noches y años, fui haciendo las imágenes que salen en el libro. Era una forma de cotejar la rutina ritual con la creación, y ver cómo nuestro estado cambia día a día, de acuerdo a emociones, climas, espacios, ruidos, gente, etc. Estas dos vertientes se unieron luego en el libro, formando este pequeño lago de dudas y satisfacciones.

 

— El libro comienza afirmando que "Con lo mínimo se puede hacer de todo." ¿Dónde piensas que están, entonces, los límites del artista?

— Esa idea viene de una historia que escuché de Joseph Beuys (artista conceptual alemán), que a sus alumnos les decía: "Yo les doy un pelapapas y ustedes me hacen una escultura." Y por otro lado está la idea que si sos un artista que se ha desarrollado en Latinoamérica (en mi caso Argentina, Mendoza) no contás con muchos materiales para crear algo, así que tenés que utilizar lo que tengas a mano. Y eso potencia la creatividad.

Yo siempre lo hice así. Aún si se piensa que el artista es una persona en viaje, él no deja de crear solo por que le falte un pincel o el mejor color de toda la paleta, porque para esto también están los dedos o mil cosas más. La riqueza visual que creas cuando tenés pocas cosas es indescriptible.

Estoy como cansado de ver cosas trabajadas con los mejores colores y cantidad de elementos, y comprobar que –en la profundidad del lenguaje visual– les falta emoción (transmitir el anima) o la vibración de lo visual.

El hecho de que cuando te movés de espacio o situación no tenés los elementos, y tenés que adaptarte a lo que hay a mano, te abre los límites. Porque entrás en un campo más grande que la simple puerta del arte tal y como te la venden. Entrás en la experimentación, en conocer nuevos materiales, nuevas texturas y nuevas formas de composición. Entrás en la alquimia y en una región sin límites, y ese es el espacio de creación: otra dimensión, que está en un universo paralelo, donde siempre hay pasaje para la nave nodriza.

 

Kosta. Baile de la cuchara y el tenedor (en página 22 de Dedografía)
Kosta. Baile de la cuchara y el tenedor (en página 22 de Dedografía)

 

— ¿Utilizas la escritura como disparador gráfico?

— Yo escribo desde siempre. Pero ha sido un escribir y un guardar. En una época, recuerdo que encontré una máquina de escribir de esas metálicas y pasé en limpio muchos escritos. Los mecanografié... vaya, esta palabra que me viene del ayer. Ella misma lo dice: mecánica y grafía. Esto también me traslada a la época de la secundaria, allá en Mendoza. Estudiaba en el Martín Zapata y una de las materias era precisamente mecanografía. Ahí nos ponían frente a una Remington o una Olivetti y aprendíamos a escribir utilizando todos los dedos. Nos dolían los dedos de tanto teclear... Ahora se utilizan uno o dos dedos para escribir, nada más.

El escribir es entrar en otros mundos de relatos, y siempre se va complementando muy bien con la gráfica. Como que una descansa sobre la otra, el sentido que los une es la visión...

El sistema de libros y la edición de imágenes están muy relacionados entre sí. Encaminan o cambian los paisajes... y así abrimos nuevas puertas. Las drogas –si las sabemos utilizar– también cumplen esa función en una parte de nuestra vida. Nos dan la llave para abrir cerrojos oxidados. La combinación de estas cosas nos permite abordar temáticas, situaciones o contemplaciones, y zambullirnos directamente en un mundo desconocido sin ahogarnos.

 

— ¿Qué características posee la "boludez" como medio expresivo?

— La boludez es universal. Existe en todas partes. El término nació en Argentina y se desarrolla por todo el mundo, como un reguero de pólvora.

Como todas las cosas que nacen en Argentina, no se sabe a ciencia cierta el por qué, el quién o el dónde. El hecho básico es que la palabra boludez dependía mucho de la entonación con que se decía.

De ahí surgieron personajes como "el boludo de turno" o "el boludo al pedo". Si alguien te preguntaba "¿Qué andás haciendo?", vos respondías "Boludeando". También se escuchaba en algunos lugares cosas como: "Este es tan boludo que se los pisa". Y así toda la literatura posible al respecto.

Por eso "escribir una boludez todos los días" (subtítulo de Dedografía) se refiere a escribir algo sin demasiada importancia o pretensión, pero que refleje el estado de ánimo de ese dia. Es una forma de quitarle solemnidad a la historia de la creación, porque el arte no está hecho sólo para entendidos.

 

— ¿Me puedes dar un ejemplo de cómo relacionas lo visual y lo escrito?

— Dibujamos un vaso, y al lado escribimos la palabra "agua". ¿Qué nos dice esta confrontación? En principio hay una relación visual y otra literaria que pueden generar varios interrogantes. Como por ejemplo ¿falta Agua?, ¿quiero vino?, ¿hay invitados?, ¿es mejor lo natural? O también una pregunta más surrealista: ¿Es la luna que viene a bailar conmigo? Y si asociamos todo esto con un sonido (por ejemplo el ruido del agua) o una música, las preguntas siguen y se multiplican. Y ahí es donde uno dice: ¿Será una boludez todo lo que hago?

Kosta. Ciervo y conejita (en página 35 de Dedografía)
Kosta. Ciervo y conejita (en página 35 de Dedografía)

— ¿Tienes alguna anécdota asociada al libro que te resulte entrañable?

— La anécdota de este libro que tengo en la mano, es que en principio nunca dije que iba a hacerlo. Este libro salió porque él mismo se lo propuso. Él quería ser un libro donde interviniera gente entrañable (otra palabra interesante... vendrá de las entrañas, esa parte donde se produce el vacío de estomago... bueno, le ponemos unos chorizos y morcillas y unas tiras de asado con un vinito y ya estamos. Recorridos de palabras y tiempos).

 

— ¿Entonces qué factores determinaron que "el libro" tomara la decisión de publicarse?

— Se unieron dos cosas que vengo haciendo durante mucho tiempo, y más de 10 personas que escribieron en distintos idiomas. Con algunas de estas personas hacía tiempo que no tenía contacto, pero cuando les propuse la idea respondieron inmediatamente.

Y el resultado es la primera edición de 40 libros en la cuarentena del 2020. Con el pasar del tiempo, luego se dirá que fue una época en la que cambiaron varias cosas en el mundo. Eso espero.

 

— La multitud de preguntas sin ansias de respuestas parece ser una constante en Dedografía. Y mientras las preguntas "no alcanzan", las respuestas "no importan" (según dices en la introducción del libro). ¿Qué es lo que motiva tu sed de interrogantes?, ¿te aburren las respuestas?

— Soy alguien en esencia curioso. Creo que el ser humano se debería hacer muchas preguntas antes de aceptar las cosas tal como vienen.

Las preguntas y respuestas son conocimiento e invención, pensamiento y reflexión, risas y un buen pasar del tiempo.

Hoy tenemos las respuestas al alcance del dedo, y allí aparece otra vez la dedografía: nadie sabe nada si no es a través de la señora Google. Si haces una pregunta intrigante a un grupo de gente, verás sus caras transformadas en un signo de interrogación, y todos llevarán sus manos al bolsillo para buscar el móvil y ver el significado de lo que dijiste. No hay diferentes posiciones, sino una sola lectura que te asegura cuál es la verdad. Y por ende no hay ni reflexión ni discusión, solo aceptación. Vos podés decir algo distinto, pero los otros asegurarán que lo verdadero es lo que dice la pantallita que ven en su mano.

Creo que hay que preguntarse y cuestionarse todo. En eso soy irreductible. Como decía el personaje de un bellísimo film Argentino (El lado oscuro del corazón): "No hay que perdonar a quienes que no hacen por lo menos el intento de volar."

Tengo tantas preguntas para tan pocas respuestas... Preguntas y respuestas: se puede seguir jugando con estas dos palabras.

 

— Otra constante del libro parece ser la relación cotidiana existente entre el mundo interno y el mundo externo. Esa relación por momentos se tensa y le da vida a las valijas ("Las valijas cuando no viajan se llenan de tristeza") o genera cuestionamientos abiertos ("Cuando fumaba porro me sentía aislado, ahora que no fumo me pasa lo mismo"). Frente a estos elementos, ¿qué sientes que te permite el arte?

— El arte me permite entrar en un espacio de total libertad, con respecto al mundo que nos rodea. Las relaciones entre los humanos tienen cada vez más presión. En esta sociedad los modelos son los que dictan el camino a seguir y, si te salís unos centímetros de esa línea, empezás a entrar en zonas peligrosas de confrontación con los demás. El personaje auténtico no está muy bien visto.

Por eso el espacio del arte te permite hablar de lo que quieras. Si hoy tenés ganas de estar en pelotas y hacer un grabado de tu culo, lo podés hacer. Y si mañana tenés ganas de pintar flores y frutos, también lo podés hacer. Si querés ponerte a escribir sobre la trascendencia de las mariposas, que sólo tienen un dia de vida, lo podés hacer. Y si encendés un fuego, luego podés hacer una pintura con cenizas y agua. Podés hacer lo que quieras y lo que te guste a vos. Si eso que hacés, le llega a otra gente que se identifica con tu manera de ver las cosas, lo podés regalar o vender. Y sino lo podés acumular para mirarlo en alguna de esas tardes grises con lluvia. Y si se te da la gana lo podés quemar. A salido de vos, de tu energía libre sin condicionamientos, y está construido en tu espacio de protección.