Entrevista a Raúl Argemí

"CADA PÁGINA ES UNA FINAL DONDE ME JUEGO TODO"

La siguiente, es una entrevista que hice en Mendoza (Argentina) para una revista que nunca salió. Corría el 2006, y una persona afín a la publicidad y el diseño armó un equipo periodístico con la intención de editar una publicación para vender anuncios entre sus contactos empresariales. El resultado fue el esperable: la financiación no llegó, el responsable del proyecto probó su idea sin arriesgar absolutamente nada, y todos los que producimos la revista perdimos dos meses de trabajo. Lo de siempre, cosas del capitalismo y los "emprendedores independientes".

Era una época en que extrañaba mucho a Barcelona y a las bohemias con amigos en el barrio gótico. Raúl, a quien conocí en 2001, era uno de esos amigos que extrañaba, y hacerle una entrevista fue una forma de no alejarme demasiado de esa España que me recibió en 1999 y me parecía entrañable. En abril del 2008 regresé a España, pero ya no era tan entrañable: "la Madre Patria" entraba en la crisis acompañada de la inoperancia del PSOE, mientras Rajoy y el PP se frotaban las manos esperando la oportunidad de reivindicar los valores del franquismo y concretar negocios suculentos. Pero al menos estaba Argemí. Y resistió hasta 2013. Esta España actual tan poco entrañable lo gastó y Raúl se rajó a Buenos Aires.

Ahora sí, la entrevista:

Por A. Crimi

 

La historia de Raúl Argemí (La Plata, 1946), posee muchos de los componentes de sus novelas. En 1969 abandonó sus actividades en el mundo del teatro para incorporarse a la militancia política. Fue detenido en 1974 y pasó diez años en la cárcel, dos de ellos en los temibles pabellones de la muerte. Al recuperar la libertad se radicó en General Roca, donde trabajó como periodista del diario “Río Negro”.

Publicó “El gordo, el Francés y el Ratón Pérez” (Ed. Catálogos, 1999), “Los muertos siempre pierden los zapatos” (Ed. Algaida, 2002), obra ganadora del XXI Premio de Novela Felipe Trigo; la novela colectiva “Negra y Criminal” (Zoela Ediciones, 2003), junto a Andreu Martín, Enrique Sánchez Abulí y Mercedes Abad, entre otros; “Penúltimo nombre de guerra” (Ed. Algaida, 2004), novela ganadora del XIII Premio Internacional de Novela Luis Berenguer y el Premio Dashiel Hammet 2005; “Una filosa daga veneciana”, texto que forma parte de una lujosa antología presentada en la Semana Negra de Gijón del 2004; y “Patagonia chu chu” (Ed. Algaida, 2005), libro ganador del VII Premio de Narrativa Francisco García Pavón.

Algunas de sus obras han sido traducidas al francés, y un conjunto de editoriales se disputan en la actualidad la inédita “Blues de los jardines quemados”. Desde 1999 vive en España. 

 

 

— ¿Por qué eligió Barcelona para escribir?

— Escribir, en términos estrictos, he escrito en donde estuviera: en la cárcel de Devoto, en el penal de Rawson, en Río Negro, en Buenos Aires, en Alicante y en Barcelona. Solo que para mí escribir también es publicar. Si no te leen, estás haciendo laborterapia. Y en Barcelona, por ahora, se me dan las dos cosas. Aparte de eso, me siento cómodo. Es una ciudad racional, comprensible, como La Plata y tiene muchos árboles.

 

— ¿Se siente cómodo en el llamado «policial negro», o piensa que el subgénero lo encasilla?

— Confieso que a veces me pone de mal humor el encasillamiento. Pero no es problema mío. Sé que tengo una visión del mundo bastante negra, que me predispone a contar historias con la muerte como protagonista necesario, en escenarios donde nuestra sociedad muestra sus peores mugres. El resultado hace que algunos digan que escribo «hard», y me ponen en el lote de los escritores de novela negra. Francamente, entre pasar por escritor serio castigando al lector con reflexiones sobre mi ombligo, y narrar historias duras, que pueda entender un albañil, no tengo dudas: me quedo con el albañil. Si me encasillan en un género o subgénero me importa un pito.

 

— ¿Qué grado de autorreferencialidad hay en sus obras?

— Toda. No se puede escribir desde otro lado. Hasta el que escribe ciencia ficción lo hace desde alguna parte. Necesariamente, ineludiblemente, desde su mundo. Aunque sea para negarlo, como cuando se escribe una «novela china», aparentemente sin contacto con la realidad.

 

— Por su forma visceral para elaborar relatos ha sido relacionado con el estilo de Roberto Arlt. ¿Qué parentesco piensa que tiene con Arlt?

— Las comparaciones, los parentescos, tampoco son cosa mía. En el «Barça» hay un pibe argentino, Messi, que la rompe. A Maradona le preguntaron si ese pibe sería Maradona, y dijo que no, que sería el mejor del mundo, pero sería Messi. A mí me gusta Arlt porque, en medio de una prosa despareja, donde afloran las deudas culturales que creía tener, de pronto consigue un párrafo que te da vuelta. Y esos párrafos se consiguen jugando como Messi o Maradona, arriesgando las piernas y que te partan el alma. Para ellos, en la cancha está el único mundo posible. Para mí, cada página es una final en la que me juego todo. Después, el resultado, ya es otra historia. A veces, se pierde por goleada.

 

— ¿Cómo ve el panorama actual de la narrativa argentina?, ¿quién le gusta?

— No contesto nunca esta pregunta. Como lector tengo preferidos y despreciados, pero no me entrevistan como lector, y como escritor siempre parece que uno sabe qué es lo bueno y qué es lo malo; cosa de la que dudo mucho que sea cierta.

 

— ¿Por qué aún no ha publicado en Argentina?

— No lo sé. Quizá, si me va bien en Francia, eso suceda. En mis pagos ese fue siempre un argumento irresistible.

 

— ¿Dónde pueden conseguir sus libros los lectores argentinos?

— Hay varias bocas de venta por internet. Pero eso hace que el libro sea caro para el lector argentino. En todo caso, porque son eficientes y amigos, puedo recomendar www.negraycriminal.com, la página de una librería de Barcelona.

 

— Desde su experiencia, ¿qué legitima más a un escritor, los premios, la editorial o los lectores?

— Los premios son atractivos como reclamo para la prensa, te hacen más notas. Una editorial seria, que apueste por vos, te presta su prestigio y te pone en vidriera. Pero son los lectores los que completan lo que uno escribe, y su apoyo o su indiferencia nos legitima en lo hondo, en ese sitio desde donde se escribe. Por eso que mi «Penúltimo nombre de guerra» fuera premiado por Brigada 21 y Novelpol, dos asociaciones de lectores, y también con el «Dashiell Hammett» de los colegas agrupados en la Asociación Internacional de Escritores Policíacos, no tiene precio.

 

— Después de escribir, ¿qué es lo que más le gusta hacer?

— Ese segundo puesto lo tengo muy disputado. Pero sospecho que leer les gana por una cabeza a todos, en un final reñido.

 

 


Si quieres más información sobre Raúl Argemí:


- Click AQUÍ para su biografía en Wikipedia.

- Click AQUÍ para leer la entrevista que le hizo Doris Wieser.

- Click AQUÍ para leer la prensa de sus libros en Francia.

- Click AQUÍ para leer una nota que publiqué en Los Andes.

- Click AQUÍ para leer su despedida de España.

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