Historias de vida

Entrevista a Rogelio Brull

EL AMIGO DEL MAR

Por Alejandro Crimi

Fotografías: Alejandro Crimi y archivo de Rogelio Brull

Publicado el 07/04/2018 en Living Salou (https://www.livingsalou.com)

 

Rogelio Cap de Sucre Brull es uno de los pescadores más veteranos de Salou. Charlar con él supone tomar contacto con esa humilde y particular sabiduría que poseen algunos hombres de mar. Y también una oportunidad única para conocer un poco acerca de las entrañables historias de vida que se generan al borde del Mediterráneo.

— ¿Rogelio, cuáles son sus orígenes?

— Yo nací en La Ametlla de Mar en 1936, cuando comenzó la Guerra Civil en España. Es un pueblo pescador, muy marinero. Pero cuando tenía tres meses nos vinimos a Salou, y ya he vivido toda la vida aquí.   

Mi padre se llamaba Batista y era pescador. Era un lobo de mar, y tenía un apodo familiar: Cap de sucre (cabeza de azúcar). En Ametlla, el ambiente de pescadores conoce muy bien ese nombre... a mí me dicen Rogelio Cap de Sucre.

Un poco antes de que yo naciera, mi padre había estado llevando una barca en Vilanova i la Geltrú. Luego le salió la oportunidad de trabajar una barca de luz, aquí en Salou, y nos vinimos.   

Mis hermanos también eran pescadores. El mayor se llamaba Batista como mi padre. El otro se llama Pepito.

 

— ¿Han vivido siempre por esta zona?

— No, mi hermano Pepito se fue a trabajar 7 años a Suiza, porque el mar comenzó a dar muy poco. Yo también me fui a Suiza, y estuve 4 años trabajando allí.

 

— ¿Cómo se hizo pescador?

— Llegué a la pesca porque era la forma de sustento que tenía nuestra familia.

A los 14 o 15 años ya comencé a pescar. A mí me gustaba mucho estar en la playa, cogiendo cangrejos, mejillones, de todo... Un día mi padre dijo que como ya no iba al cole, "pues a trabajar". Y comencé a trabajar con él, en la barca de luz (de sardinas) que él mandaba. Recuerdo que en aquella época no había puerto aquí en Salou, así que íbamos a buscar la barca al puerto de Tarragona. La barca llevaba motor y pertenecía a uno de los miembros de la familia Sangulí (que en los '70 fundaron el camping Sangulí, muy conocido aquí). Generalmente íbamos 14 personas en esa barca, la mitad eran de Ametlla y la otra mitad de Salou. Mi padre era el patrón.

Rogelio Brull y algunos miembros de su familia
Rogelio Brull y algunos miembros de su familia

— ¿Cómo se pescaba la sardina?

— La pesca de la sardina siempre es de noche... la sardina es un pescado azul y le atrae la luz, por eso las barcas de sardina llevan luz, porque se pesca de noche con luz. En realidad a quien atrae la luz es al plancton; y entonces allí van las sardinas, a alimentarse del plancton.   

La barca, con los focos de luz apagados, avanza a remo hasta el lugar elegido para pescar. Luego con la barca detenida, para no espantar los peces, se encienden los focos. Y al rato ya comienzan a aparecer las sardinas. A veces las sardinas se mueven por la superficie y saltan, y otras veces se van muy abajo. Pero cuando están abajo se ven las burbujas, y según la cantidad de burbujas uno sabe si hay muchos peces o pocos. Si hay muchos peces se llama a otra barca más grande que se acerca sin hacer demasiado ruido y tira la red grande, corcho arriba y plomo abajo. Y la red queda como una pared. Luego se tensa la cuerda y se cierra abajo, se juntan los plomos, se tira y se recoje el pescado.   

Al pescado vivo lo colocábamos en unas cajas y lo tapábamos con hielo roto. Y de ahí al puerto. El pescado llegaba fresco y bueno, y a veces te lo compraban por cajas. Las sardinas más grandes se pagaban mejor, así que poníamos las más grandes y bonitas en la parte de arriba de las cajas, para que se vean las mejores. Igual los compradores siempre revisaban las sardinas de abajo, para ver cómo estaban.

 

— ¿Trabajaron mucho tiempo con la pesca de sardinas?

— Sí, pero luego mi padre se hizo mayor y tuvo que jubilarse. Después la barca la llevó mi hermano mayor un tiempo. Pero cada vez habían menos sardinas... Antes por la zona habían como quince barcas de este tipo, ahora no sé si quedan tres.

 

— Entiendo que La Ametlla de Mar es una población referente de la pesca de la zona, entre otras cosas porque allí se explota el famoso atún rojo. Usted que nació allí seguro que me puede contar un poco acerca de esa actividad... 

— Sí. En el Mediterráneo hay un solo punto donde se trabaja al atún en cautiverio, y es en La Ametlla de Mar. La explotación la realiza la empresa Bafelgó.

Los atunes vienen a desovar y aparearse al Mediterráneo. Hay una fecha en el año donde salen unas seis barcas (algunas francesas y otras de Ametlla de Mar) en busca del atún rojo, que son las que tienen el permiso de la Comunidad Europea para pescar esta variedad de atún. Llevan radares y están muy bien equipadas. Van para el lado de Mallorca, acompañados por avionetas que miran desde lo alto. Cuando detectan la manada de atún rojo comienzan a hacer un cerco con las redes. Luego tiran las redes, y cuando los tienen cogidos utilizan un sistema de remolque con otro barco más pequeño. Mantienen vivos a los peces y los van remolcando poco a poco para La Ametlla. A veces tardan días en el remolque, porque se trata de evitar que los atunes se dañen o estresen. Finalmente colocan a los atunes en unas instalaciones (hay varios tipos de jaulas) que la empresa Bafelgó tiene algunas millas mar adentro, y desde allí se comercializan. Eso es precioso, cuando están allí puedes ir y darles tú mismo de comer...

Sacrifican los animales en función de los pedidos que tienen. Les tiran un dardo para atontarlos, los cogen de la cola, lo atan a la barca y se los llevan a tierra a un almacén grande. Allí les sacan la tripa, les cortan la cabeza y la cola. Luego los trasladan a las neveras, de ahí a los contenedores de Barcelona, y en un día los colocan donde sea...

Es importante que en todo el proceso del sacrificio el atún no se estrese demasiado, porque sino la carne no sale buena. En eso los japoneses son especialistas... ellos comiendo un pedazo crudo de la cola se dan cuenta de la calidad de la carne.

 

— ¿Cuál es su sistema habitual de pesca?

— El curry, o la pesca al curricán. Voy siempre a curricar con la barca andando muy cerca de la roca y de la playa, que es donde están las lubinas.

 

— ¿Cómo lo hace?

— Preparo las cañas, las gomas, el cascabel, el salabre y el sedal con sus plomos y sus pescaditos o calamares de látex como cebo. Tengo muchos pescaditos de goma. Elijo el que más me gusta y le ajusto el anzuelo dentro. Luego tiro el sedal con cuidado, porque es muy fino y si hace viento se puede enredar, y con la barca andando voy arrastrando los cebos que se mueven como si fuesen sardinas o pescaditos reales. Entonces la lubina que anda por ahí los ve, se come alguno y queda agarrada al anzuelo.   

Cuando está enganchada, el cascabel me estira la goma y yo me doy cuenta si es grande o pequeña. La caña se curva y entonces doy vuelta con la barca por donde ha picado, a estribor o a babor. El pez enganchado se va de un lado a otro hasta que lo traigo a la barca. Cuando está muy cerca pongo el salabre por abajo, para poder asegurarlo si se me cae del anzuelo. Y luego ya lo tengo. A veces puede pesar un kilo.

El timón lo muevo con la espalda, porque estoy con las dos manos ocupadas. Si voy solo y veo que pica más de un pez, me pongo con el que tira más, que será el más grande.

— ¿Antes habían más peces en la zona?

— Sí, muchos más que ahora. Antes había mucho pescado... de toda clase. Las causas de que hayan disminuido tanto se debe a muchas cosas. Aquí en Salou, hasta hacen algunos años habían unos tubos que tiraban las porquerías al mar. Ahora toda la porquería va a las depuradoras, pero antes no. Y la porquería mata a las algas, que son el hogar de peces, calamares y pulpos. Antes habían muchas algas, pero ahora tocas el fondo marino y no hay nada. Y eso es igual en Tarragona, Salou o Cambrils.

Por otro lado también inciden otros factores, como la forma de pescar, el arrastre o la sobrepesca. La veda hoy se regula pero no se respeta. La Comunidad Europea en teoría le paga un sueldo a los pescadores que no pueden salir a pescar por la veda, pero los pescadores de Tarragona hace tres años que no cobran ni cinco y tienen que mantener las barcas, las redes y sus familias. Entonces hay algunos pescadores que si respetan la veda no consiguen ni un duro... pero así cada vez ganarán menos hasta que en algún momento no podrán ganar nada porque no habrá nada. Cada vez hay menos peces, es un problema muy grave.

 

— ¿Hay riesgos en la actividad de pesca?

— Nosotros los pescadores sabemos que no hay que tenerle miedo al mar. Miedo nunca, pero respeto ¡mucho! 

Si tengo la red calada y cuando la tengo que ir a retirar hace mal tiempo, pues no voy. Con temporal o viento fuerte prefiero quedarme en casa. Dejo las redes donde estén, espero hasta que mejore el tiempo y luego voy. Sé que si no saco las redes se pueden perder o el pescado enganchado se puede arruinar, pero eso es preferible a que te pase algo a tí. Porque puedes volcar la barca, caer al agua y tener problemas. Cuando hay mal tiempo es mejor no salir, aunque no vayas solo y lleves salvavidas. En el invierno si te caes al agua pasarás mucho frío y te puedes enfermar.

Pero normalmente aquí no pasa nada. En el verano pueden pasar más cosas raras que en el resto del año, y generalmente se debe a la presencia de los turistas. Ellos no conocen el mar y cuando salen de paseo en yates o veleros pueden tener problemas. Quizás tienen algún inconveniente con la embarcación y no han llevado el móvil o no tienen cobertura, y entonces se preocupan. Pero son casos puntuales.

 

— ¿Es cierto que los hombres de mar con sólo mirar un poco al cielo ya predicen el tiempo?

— Mi padre, cuando estábamos pescando, siempre se fijaba mucho en las estrellas... y entonces a veces miraba a garbí y nos decía que había que espabilar, porque las estrellas brillaban, no estaban fijas. Él se fijaba no tanto las estrellas más grandes, sino en las otras, en las que se apagaban y encendían. Porque eso quería decir que ahí había viento. Capaz que a las dos horas se levantaba una buena ventolera y nos decía "¿Ven? lo que les dije..." Era su experiencia desde pequeñito y siempre atinaba. También se fijaba cuando se iba el sol y las nubes que salían desde la sierra o la montaña se ponían rojas. "Eso es viento", decía, y no se equivocaba.   

Mi padre sabía mucho... Cuando ya era mayor, a veces le dolía el brazo y decía "mañana va a llover", y nunca fallaba. No necesitaba ver la televisión para conocer el pronóstico del tiempo.

Los pescadores saben ver muy bien el mar. Recuerdo el incidente de Palomares, en Almería, en enero de 1966. Había caído al mar una bomba nuclear norteamericana. No había explotado pero se la consideraba peligrosa. Los norteamericanos trajeron submarinos y mucha gente para buscarla, y nada. No la encontraban. Y resulta que había un pescador de Tarragona que había estado cerca cuando cayó. El pescador estaba con una barca de arrastre de Cartagena, porque en aquella época muchos iban a Cartagena para coger las gambas. Y él habló con los militares y les dijo que sabía dónde estaba. Pero los militares no le creyeron, pensaron que un pescador que no sabía ni leer ni escribir no podía saber de nada. Así que se gastaron un dineral buscando la bomba, pero no tuvieron resultados. La bomba no aparecía. Pasaron ochenta días y se cansaron de buscar, entonces fueron a ver al pescador y le pidieron ayuda. El pescador accedió, los guió y a las tres o cuatro horas ya habían encontrado la bomba. "Gracias y chau", no lo recompensaron con nada. Es una historia real.

— Después de casi siete décadas pescando... ¿si mira para atrás cómo se siente con su oficio?

— Satisfecho. Me gusta mucho el mar.

En la empresa donde trabajaba hacía el turno de las diez de la noche hasta las seis de la mañana. Y casi siempre, cuando terminaba mi turno, en vez de volver a casa a dormir agarraba el auto y me iba para el puerto. Allí el vigilante ya me conocía, así que lo saludaba y agarraba mi barquita. Ponía en marcha el motor, me iba para la zona del faro y hacía curry cerca de la costa. Cuando se hacía de día volvía a casa con el pescado y me iba a dormir. Y quizás al otro día, cuando terminaba el turno pensaba: "Anoche saqué mucho pescado, esta vez mejor me voy a dormir..." Pero nuevamente terminaba en el puerto. Es que si me iba a dormir sentía que me faltaba algo.

Una vez me acompañó un conocido en esas salidas, pero se mareó y no quiso venir más.

 

— Su barca se llama Rogelio, ¿la sigue utilizando? 

— Ahora ya voy poco a pescar, porque tengo 82 años... pero igual me tira mucho y apenas puedo me doy una vueltecita. En invierno voy menos, por el frío. Y en el verano el clima es mejor pero están las motos de agua que hacen circuitos entre las boyas y a veces meten miedo, porque pasan cerca de la barca y hacen olas.

 

— En la última edición del tradicional concurso de "Pesca del Calamar" pude ver que salió en portada de periódicos...

— Sí. Participamos tres días con mi hijo David. El primer día cogimos cuatro calamares y una sepia.

Siempre me gusta participar en ese concurso. En el 2014 saqué el premio al calamar más grande, con uno que pesó 1,326 kg.

 

— ¿Puede contarme cómo cocina los peces que pesca? 

— Sí. El plato que preparo con más frecuencia es la lubina al horno con patatas. Elijo una buena lubina que pese de medio kilo a un kilo. Primero le quito las tripas, las escamas, las aletas y todo lo que pinche, y la guardo para el día siguiente. Al otro día ya la tengo limpia, entonces pongo unas patatas hervidas, las corto y las frío un poquito. No fritas del todo. Y a la bandeja. Al pescado no le toco la cabeza, y si es grandete le hago dos cortes para que se cueza mejor la carne. Pongo unos trocitos de tomate o berenjena, bastante aceite y un poquito de vino blanco. Luego un poquito de pimentón rojo y al horno. Pongo en marcha el horno, y de cuando en cuando lo saco y veo el caldo que sale, y si me parece le doy la vuelta al pescado para que se cuece mejor. Y cuando creo que ya está listo, apago el horno, un platito a cada uno y es un manjar. Me encanta y me sale bien. Y es pescado fresco, del día o del día anterior. Y lo he cogido yo.

Nunca he comprado pescado para hacerlo así, no me da la gana. Como el que pesco. Puedo comprar otro tipo de pescado, pero lubina no porque la pesco yo. 

En La Ametlla de Mar hay unas piscifactorías que tienen "lubina de playa". Es muy barata, pero no es lo mismo. A mí no me engañan... no son malos peces, pero no es lo mismo.