Entrevista a Xavier Martín Saigí

PARTE 1

Por Alejandro Crimi


TARRAGONA, ENTORNO DE UN MÚSICO

Xavier y su hermana en Plaça la Font
Xavier y su hermana en Plaça la Font

Nací en Tarragona en 1955, en Plaza de la Font, la plaza del ayuntamiento. Cuando me casé tuve que buscar un piso y lo encontré muy cerca del Serrallo, el barrio de pescadores. Y desde entonces vivo allí. 

Tenía una tía abuela que vivía en el Serrallo, y de pequeño solíamos ir con mi abuelo a visitarla. Visitar al barrio era toda una excursión para mí. Subíamos al autobús en la Rambla Vella, hacíamos toda la calle Real, que tenía muchos almacenes de vino, y finalmente llegábamos al Serrallo, que era un mundo aparte. Siempre me llamó mucho la atención el barrio, y lo tengo muy asociado a mi infancia. Era un barrio de gente muy humilde... y también de gente muy particular.

Xavier, con unos años menos
Xavier, con unos años menos

Conocí a muchos personajes del Serrallo, como un amigo de mi padre que le llamaban Raspajo. Era poeta, muy delgado e idéntico al Papa Paulo VI. Vivía con unos familiares que tenían una industria pesquera, pero nunca se subía a un barco porque decía que se mareaba (ríe). Y si no se mareaba era otra cosa, pero él siempre buscaba alguna excusa para que no lo llevaran al barco.

El trabajo del pescador es muy duro, y eso no iba con Raspajo. Pienso que en realidad era vago de nacimiento.  

Como mi padre tenía un negocio de máquinas de escribir, Raspajo le traía poemas escritos a mano para que mi padre se los pasara a máquina. Le escribía poemas a los pescadores... era una historia muy curiosa y bonita la de Raspajo. Él no se enteró, pero nosotros le llamábamos "Pulmonía", porque pensábamos que, tal como estaba, si le pillaba una pulmonía se iba al "otro barrio" (QEPD). Es que era un esqueleto andante.

Xavier y el Serrallo (Tarragona)
Xavier y el Serrallo (Tarragona)

FAMILIA, ESTUDIOS Y CONTEXTO DE ÉPOCA

Quimet Martín
Quimet Martín

Mi padre, Quimet Martín, tenía una historia muy relacionada con la música. Él de crío tenía una voz lindísima, y participaba de una escolanía que funcionaba en la catedral de Tarragona, del tipo de la Escolanía de Montserrat. En la escolanía habían niños de entre 7 y 14 años, que los iban seleccionando según el potencial que les veían. Cuando los niños llegaban a los 14 años, los curas intentaban reconducirlos al seminario. Pero al llegar la Guerra Civil se paró todo, y lamentablemente nunca más se retomó. Mi padre siempre contaba la anécdota de que yo estaba en este mundo gracias a la Guerra Civil, ya que a él lo pilló con 13 años y nunca llegó a entrar en el seminario.

Él era un crack cantando y solfeando, pero además de solfeo y canto había aprendido guitarra clásica y violoncello. Estuvo con muchos grupos musicales. En sus años de juventud se escuchaba mucho la música de Jorge Negrete y se veía el cine mexicano, y entonces él y unos amigos suyos habían armado un grupo de rancheras mexicanas con el que iban a tocar al frente del Ebro en los camiones de la CNT y la FAI.

Se dedicó a la música durante unos años hasta que luego la vida le llevo por otros derroteros, se casó y la dejó.  

Cuando se jubiló le instalé programas informáticos de edición de partituras, y era impresionante comprobar cómo se acordaba de todo. ¡Los libros de solfeo de cuando era pequeño se los sabía de memoria! 

Y como no pudo tener la oportunidad de estudiar música, nos quiso dar esa oportunidad a mi hermana y a mí. Por eso cuando tenía seis años pude empezar con la música.  

Quimet Martin (al centro) y su grupo de rancheras
Quimet Martin (al centro) y su grupo de rancheras

Primero hice solfeo, porque en esa época te obligaban a tener 2 años de solfeo, previo a poder hacer un instrumento. No podías empezar con un instrumento directamente.

Estudié en el Conservatorio de Tarragona, que en esa época estaba en la calle Mayor, arriba de todo, y que hoy se conoce como el antiguo Ayuntamiento. En esa época el Conservatorio no era profesional, y a partir de 5º de instrumento te preparaban pero te llevaban a examinar a Zaragoza, porque aquí no estaban autorizados para poder evaluar. Los últimos años los hice aquí pero me examinaban en Zaragoza.

En aquella época, cuando uno acababa la carrera de cualquier instrumento, se podía hacer algo parecido a lo que hoy es un doctorado. Le llamaban maestría, duraba 2 años y te podías especializar en un determinado tipo de música. Entonces, como yo había estudiado piano, conseguí el teléfono de Tete Montoliu y lo llamé. Apalabramos el precio de las clases y quedé muy ilusionado, pero en casa me dijeron que no podían llegar a mantener eso, y que me tenía que buscar un trabajo serio.

En esa época los músicos estaban mal considerados. Recuerdo que mi madre me dijo: "Mira, en la música el que no es borracho es putero, y el que no es putero es jugador. Y hay quien incluso reúne las tres cosas". 


Mi madre me dijo: "Mira, en la música el que no es borracho es putero, y el que no es putero es jugador. Y hay quien incluso reúne las tres cosas".


¿Música? No... ¡A trabajar!
¿Música? No... ¡A trabajar!

El cabreo que cogí fue tan grande que terminé apartándome de la música por algunos años. Pensaba que había dedicado 9 años de mi vida en una carrera para nada. Yo quería ser músico, pero los padres influían mucho y tuve que renunciar a la idea.  

Después de ese episodio, mi relación con la música fue la mínima imprescindible, hasta que hice el servicio militar. 

En la mili, con tal de no llevar la ametralladora que me habían asignado, me apunté a la Banda del Regimiento. Allí me seleccionaron para ser el sucesor del que tocaba el bombo, que se licenciaba en 3 meses. Me dijeron "bueno, mientras tanto cógete el instrumento que tú quieras, y cuando salgamos en formación tú haces ver que tocas". Así que me cogí una flauta travesera por el mero hecho de que abultaba poquito. ¡Pero no tenía ni idea! Pero como tenía formación musical en otros instrumentos, al cabo de 2 semanas aquello ya empezaba a sonar. Empecé a pillar la embocadura, y al cabo de un mes ya era capaz de interpretar cualquier marcha militar, que no son para nada complicadas. Entonces el capitán de la banda me dijo: "Mira, yo buscaré otro para el bombo... veo que tú con la flauta te defiendes". Y me pasé el resto del servicio militar con la flauta traversa.

Tuna del Institut Martí i Franquès de Tarragona, durante una boda en el restaurant "Sol Ric". Xavier Martín al acordeón. Año 1974
Tuna del Institut Martí i Franquès de Tarragona, durante una boda en el restaurant "Sol Ric". Xavier Martín al acordeón. Año 1974

El órgano Hammond

 

Un día descubrí el sonido del Hammond y quedé alucinado con su timbre. Tenía 14 años, estaba terminando la carrera de piano y me apasionaba el jazz. Compré varios discos de Jimmy Smith, un organista de jazz americano experto en el Hammond, y soñaba con tocar ese instrumento. El problema era el precio. En esa época, si por ejemplo el sueldo medio de un trabajador era de 10.000 pesetas, pues el Hammond valía 250.000 pesetas. Era mucha pasta, imposible de alcanzar para un crío como yo. Cuando preguntaba en casa si había alguna posibilidad de comprar un Hammond me decían: "No. Pero ya podrás comprarlo cuando trabajes."

A los 17 años comencé a trabajar. Mis padres aceptaron que me comprase el Hammond con mi sueldo y me harté de firmar letras de cambio. Finalmente pude tener mi Hammond y mi Leslie, que era el amplificador a válvulas que venía para el órgano. El Leslie era muy curioso, tenía una caja muy grande con unos altavoces giratorios, y le daba al instrumento un timbre muy particular y característico.    

Al Hammond lo tuve como 15 años. Me la pasé divino con él, pero fueron saliendo cosas más modernas y lo terminé cambiando por otro órgano.

Al cabo de un tiempo, el rector de la Iglesia de Sant Pere del Serrallo compró ese Hammond. Y desde entonces está allí, lleva alrededor de 30 años en la Iglesia del Serrallo. Los curas van cambiando, pero el Hammond continúa siendo el mismo. En la Iglesia no se mueve de su sitio, está siempre muy tapadito y cuidado.

Cuando me preguntan si puedo ir a tocar a una boda, siempre pregunto dónde es; y si me dicen que es en la Iglesia del Serrallo, ni me lo pienso. Así que he tenido la inmensa suerte de poder volver a tocarlo, y la he pasado de lujo.


MÚSICO DE HOTEL

Como no podía seguir con la música, finalmente entré en la oficina. Hasta hace muy poco he sido informático para una empresa estatal. Ha sido un trabajo donde me lo he pasado muy bien y he aprendido muchísimo. He tenido los mejores elementos informáticos a mi disposición, y una completa formación. Era raro el año que no me pasaba uno o dos meses en Madrid, haciendo formación para luego implementarla aquí. He tenido relación con muchísima gente y no me quejo para nada de mi vida profesional, pero llegó un momento en que para mantener una familia y pagar una hipoteca no alcanzaba.    

Para poder tener una vida más o menos digna no bastaba con el sueldo de funcionario. Y me pilló un momento en que había una crisis muy fuerte. Mi mujer no encontraba trabajo, había que mantener a los críos y pagar la hipoteca. Así que comencé a buscar otro trabajo que fuera compatible en horarios con la oficina. Como muchos amigos de mi generación eran músicos que tocaban por los hoteles de Salou y La Pineda, me fui informando y tuve la inmensa suerte de poder entrar a trabajar en un hotel de La Pineda como músico. Y a partir de ahí no paré más.

Estuve más de 10 años tocando el órgano en la terraza de un hotel, al lado de la playa, durante la temporada de verano. Llevaba una doble vida: de día era oficinista y de noche músico. En el hotel trabajaba del 1 de junio al 30 de octubre, todos los días en la terraza hasta la 1:00 hs. de la madrugada. Y a las 6:00 hs. me tenía que levantar para ir a la oficina. Era duro... yo no soy religioso pero había días en que rezaba para que lloviera; porque como tocaba al aire libre, cuando llovía se suspendía la función. Pero hubieron algunos veranos en que no llovió nunca y me tragué 150 días seguidos tocando cada noche.    

Fue una experiencia muy enriquecedora. La música que tienes que tocar allí está muy enfocada al baile de salón, vals y pasodoble, con mucha presencia de matrimonios mayores.

Y también me permitió conocer gente muy curiosa. Recuerdo a un hombre que le faltaba una pierna: cada noche, cuando llegaba a la terraza, me dejaba la pierna postiza apoyada en el órgano y se iba a la playa.


Recuerdo a un hombre que le faltaba una pierna: cada noche, cuando llegaba a la terraza, me dejaba la pierna postiza apoyada en el órgano y se iba a la playa.


También recuerdo que una noche, vino un hombre y me dijo si podría tocar el piano. Le dije que sí, que podía hacerlo en el momento que hiciera el intérvalo. Hablaba castellano con acento afrancesado. Así que llegó la media parte y se puso a tocar "Adiós Nonino" de Piazzolla. Yo flipaba. Le comenté que hacía tiempo que buscaba comprar un bandoneón y me dijo que tenía un grupo donde tocaba un bandoneonista, y que en Marsella había un tipo que tenía bandoneones para vender. Me invitó a su casa. Su nombre era José Sanz, era de Zaragoza y vivía desde hacía mucho cerca de Marsella. Para las navidades yo siempre le enviaba un lote de turrones, y él me enviaba paté de foie (porque cuando fuimos a su casa mis críos alucinaron con el paté). También nos intercambiábamos nuestros trabajos musicales. Un un día me llamó su mujer y me dijo: "Este año José cumple 90 años, y le vamos a dar una fiesta sorpresa. Tienes que venir el fin de semana". Le dije que estaba complicado, porque el viernes tenía la presentación de un CD de Samuel Arba y el lunes una prueba médica. "Hazlo como quieras, pero tienes que venir", replicó. Así que al salir de la presentación de Samuel, carretera y manta hasta el pueblo de esta gente. Nos quedamos el sábado en la fiesta, y el domingo carretera y manta y vuelta a casa. Un viaje relámpago... pero tuve la inmensa suerte de ver a este hombre. Me acompañó tocando tangos, canté con el bandoneón... ¡Fue una noche fantástica! A los 3 meses murió. Y pensé: "¿Y si no hubiera ido?" Solamente nos conocimos en el hotel... éramos como vidas paralelas.

Viví muchas historias cuando trabajaba en el hotel. ¡El de la música es un mundo tan curioso! Encuentras historias tiernas, otras tristes, de todo... Si me hubiera dedicado toda la vida simplemente a trabajar en la oficina, todo esto no lo hubiera vivido. Estas historias te enriquecen.

En el hotel estaba muy bien, pero todo lo bueno se acaba. Llegó un momento en que aquello se lo quedó una cadena y todo cambió. Como la cadena tenía varios hoteles en Salou, querían que fuera cada día a un hotel distinto. Y eso me complicaba todo, ya que tenía que desmontar todo mi equipo, llevarlo a casa, y al día siguiente montarlo en otro lugar. Así que aguanté un tiempo pero finalmente decidí dejarlo. 


SER MÚSICO

Siempre quise ser músico, pero estuve condicionado por mi actividad laboral. Ahora que estoy jubilado de la parte administrativa, soy realmente lo que siempre quise ser y en su momento no se dio.

En la administración tuve muchas oportunidades de escalafonar, pero a mí eso no me interesaba. Tenía interés en cumplir con mis obligaciones, e incluso un poco más, pero nunca quise ningún tipo de ataduras o jefaturas que me impidieran hacer lo que realmente sentía. La música siempre ha sido mi válvula de escape, y me siento vivo cuando estoy con ella.

Si hubiese tenido que elegir una sola actividad, habría elegido la música... sin ninguna duda. De hecho hubo un momento en que estuve tentado de optar por la música y lo hablé con mi mujer, pero era una decisión muy difícil porque teníamos los niños pequeños. Fue en el año 1982, cuando llegó el Partido Socialista. Hasta ese momento era muy común que los funcionarios tuvieran 2 o más cargos a la vez, solapando horarios. El amiguismo y los intercambios de favores eran lo normal en la administración pública durante la dictadura franquista. Entonces para cortar todo eso de raíz, los socialistas implantaron al principio una norma en la cual si eras funcionario no podías realizar ninguna otra actividad laboral. Luego esa norma se flexibilizó con las clases más bajas de los funcionarios, y se comenzó a permitir el desarrollo de una segunda actividad siempre y cuando se tuviera el permiso correspondiente. El permiso garantizaba que las actividades no estuvieran relacionadas entre sí, ni superpuestas en horario. Y como en mi caso la música no estaba asociada con la actividad pública, solicité el permiso y no tuve problemas.    


GUSTOS MUSICALES

Astor Piazzolla
Astor Piazzolla

Uno de mis géneros favoritos es el jazz, pero toda la vida le he sido fiel a Paul McCartney y John Lennon.

Por otro lado me fascina la música de Astor Piazzolla, aunque no todo, porque alguna cosa de él no la entiendo. Después me encantan los pianos de Tete Montoliú o Ludovico Einaudi. En guitarra alucino con la técnica de Luis Salinas; y en acordeón con Richard Galliano y Ksenija Sidorova.