Colaboraciones

Sigueleyendo

Monique Wittig

no es una mujer

 

Publicado en 11 julio 2011

por sigueleyendo

ALEJANDRO CRIMI

 

Cuando en 1949, Simone de Beauvoir escribió en El Segundo sexo que «no se nace mujer, se llega a serlo», en realidad construyó una bomba de tiempo. Luego, entre los años 60 y los 80, Monique Wittig la detonó.

Wittig pensaba que «el intento de universalización del punto de vista es lo que determina que una obra literaria llegue a transformarse o no en una máquina de guerra». Y eso es precisamente lo que creó con su obra, una máquina de guerra. Wittig le declaró la guerra al sistema heterosexual y no le concedió la más mínima ventaja. Consciente de que el lenguaje supone un orden de materialidad conectado directamente con la política, utilizó sus creaciones literarias para romper la división de sexos y géneros e intentar rescatar al «yo» dividido.

En El pensamiento heterosexual y otros ensayos no hay reflexiones acerca de preferencias sexuales. Wittig escribe sólo de política, filosofía y lenguaje, y desmonta el complejo sistema discursivo y simbólico del poder heterosexual. Describe cómo de la misma manera en que el sistema dominante inventa el concepto de raza para crear la diferencia entre blancos y negros, o las categorías económicas para separar a ricos de pobres, genera la categoría de sexo para diferenciar a hombres de mujeres. Así, el hombre blanco burgués se convierte en un ser social, mientras que los negros, los pobres o las mujeres quedan absolutamente reducidos a un condicionante supuestamente «natural». Y paralelamente, los políticos de la burguesía (filósofos, científicos, jueces, pedagogos y demás) elaboran las teorías de justificación teórica e ideológica de la opresión (con represión incluida).

Wittig entiende que no hay naturaleza en la sociedad, y que la única posibilidad de liberación es destruir las categorías que generan opresión. Critica al marxismo porque en sus planteos revolucionarios excluye a las mujeres de la lucha de clase, y reduce al individuo a una subjetividad de partido o de Estado. Y propone nada más ni nada menos que un nuevo contrato social, donde la liberación del individuo se concrete al abolir la categoría «sexo». Por eso la autora de Les guérrillères (1969) no se preocupa en defender a «la mujer» o criticar a «el hombre», porque ello implica sostener la diferencia que genera opresión. Wittig propone una lucha emancipadora, sin cuartel, contra el sistema heterosexual.

En El pensamiento heterosexual y otros ensayos, una feminista lesbiana es fundamentalmente una disidente del sistema, una prófuga, una persona que se rebela contra la ideología de la diferencia sexual que impone a sangre y fuego el capitalismo. El carácter feminista supone la conciencia crítica de clase (donde «mujer» y «hombre» no tienen sentido), y el lesbianismo la práctica trasgresora al orden sexual masculino. Por eso la frase «las lesbianas no son mujeres».

Resulta muy improbable pensar que la construcción de una teoría crítica de este nivel podría haber sido concebida por un hombre (hetero o gay) o por una mujer hetero. «El pensamiento dominante se niega a analizarse a sí mismo para comprender aquello que lo pone en cuestión», dice la autora.

El pensamiento heterosexual y otros ensayos no sólo es una obra clave para entender la vigencia actual del pensamiento queer, sino que en realidad es una obra fundamental para articular cualquier crítica social moderna. Si la revolución francesa necesitó de un precedente teórico comoEl discurso del método de Descartes (nacimiento de la subjetividad), la nueva revolución sexual que se insinúa en la actualidad -tanto en las prácticas como en el lenguaje- tendrá en Simone de Beauvoir y Monique Wittig a dos aliadas históricas insoslayables. 

 

El pensamiento heterosexual y otros ensayos

Monique Wittig

Editorial Egales

Traducción de Javier Sáez y Paco Vidarte

Segunda edición, 2010

 

Monique Wittig (Haut-Rhin, 1935 - Tucson, Arizona, 2003). Escritora y teórica feminista. Licenciada en Letras y Doctora en Lingüística. Docente universitaria en Francia y USA. Publicó L'Opoponax (novela, 1964), Les guérrillères (novela, 1969), Le corps lesbien (poesía, 1973), Le voyage sans fin (teatro), La pensée straight(ensayo, 1978) y One is not born a woman (ensayo, 1980), entre otras obras.

 


El futuro fue ayer

 

Publicado en 30 marzo 2011

por sigueleyendo

Reedición del manifiesto explosivo

de la preciada Preciado.

ALEJANDRO CRIMI

 

1- Contexto

El futuro fue ayer pero nadie nos dijo nada. Hoy somos ciborgs, cuerpos parlantes (poscuerpos) oprimidos por un poder dictatorial heteronormativo que nos disciplina por las buenas y por las malas.

La sexualidad es una tecnología biopolítica. La arquitectura corporal es eminentemente política.

A través de las instituciones médicas, jurídicas y pedagógicas, el sistema nos reprime sin piedad cuando no obedecemos su mandato. Desde que nacemos nos someten a toda clase de operaciones visuales, discursivas y quirúrgicas, para dotarnos de una conciencia dual y asignarnos identidades limitantes. Los dualismos son el resultado de las tecnologías de heterodominación.

Como en el software de Matrix, nos movemos por el mundo asumiendo roles falsos a los que consideramos «naturales». Pero en realidad no existen hombres ni mujeres: hay tantos sexos como sujetos. Somos equivalentes, no iguales. Nuestro cuerpo es una unidad sexuada, con órganos de distintos tipos y funcionalidades: órganos auditivos, visuales, reproductivos, táctiles, locomotrices, digestivos, etc. Los órganos reproductores son tan sexuales como los táctiles o los visuales, ni más ni menos. Todos nuestros órganos son sexuales. Por ello el orgasmo es el producto de una mala educación heterosocial.

El pene es un dildo de carne, y el dildo (el de verdad, el de plástico) podría reemplazar perfectamente al famoso tótem que los pre-humanos primitivos adoraban en 2001 Odisea en el espacio. Por eso es necesario el desarrollo de una disciplina como la dildotectónica. Y por otro lado, el culo espera la Gran Reivindicación Universal que se merece.

Así estamos: La verdadera naturaleza humana tiene que ver con la convivencia de prótesis y órganos; carne, metal y plástico; placer y saber. Somos poshumanos.

Nos lo quisieron advertir, nos quisieron explicar que el futuro ya había llegado, pero no entendimos o no escuchamos. Monique WittigMichel FoucaultGiles DeleuzeFélix GuattariJudith Butler yJacques Derrida, entre otros cuerpos parlantes y pensantes, lograron generar fisuras medulares en las teorías heterosociales.

Y luego vino la Preciado para atar cabos sueltos y traernos su Manifiesto contrasexual.

 

2- Praxis

Beatriz Preciado nos avisa con su libro de que el futuro ya pasó y el ser humano mutó. Pero como no se anda con pequeñeces, baja la filosofía de la academia a la calle y propone una verdadera revolución. Llama a la insurrección radical de los cuerpos, para liberarse así del yugo de las heteroclasificaciones y obtener la (¿preciada?) libertad. Y para ello boceta un nuevo contrato social (contrasexual) que hace retorcer en la tumba al mismísimo Jean-Jacques Rousseau.

La contrasexualidad es una teoría genderqueer (intergénero) del cuerpo, que busca subvertir la dominación heterosocial, y desde esa teoría Preciado convoca a una apostasía de sexos y géneros, y a la claudicación definitiva de sus representaciones sociales, tanto políticas, como económicas y culturales. Por lo tanto sugiere la abolición del matrimonio, de la monogamia, de la herencia y la familia. La libertad de los poshumanos sólo puede ser verosímil en una sociedad que no reprima las diferencias, ya que todos tenemos nuestras particularidades. Quizás, en el fondo, tod@s seamos queer.

Manifiesto contrasexual permite una reflexión aguda, compleja y nueva sobre la condición humana. Logra superar antiguas dualidades feministas y anacrónicos debates de identidad sexual, y lleva la filosofía al plano de la militancia política. Y parece confirmar la idea que la vitalidad filosófica de los últimos años fluye desde los márgenes.

Imprescindible. 


Lo perverso, el taxista

y la ambulancia

 

Publicado en 21 agosto 2011

por sigueleyendo

MÁS LECTURAS DE VERANO

ALEJANDRO CRIMI

 

Desde hace muchos años, al llegar el verano me agarra una especie de promiscuidad literaria muy marcada. Antes me daba vergüenza reconocerlo, pero ahora no, incluso me atrevo a recomendarlo como experiencia. La presencia del mar, los cuerpos sin jersey y cierto grado de irresponsabilidad, entre otras cosas, me alejan en esta época de mis lecturas favoritas. Quizás esto sea por respeto al ocio puro, porque convengamos en que una buena lectura requiere generalmente de por lo menos atención por parte del lector, y bueno, el ocio de verdad entiendo que no debe conceder ni eso.

Pero un libro promiscuo no es un libro estúpido, ¡ojo! Un libro promiscuo es un libro obscenamente ingenuo, de adolescencia conflictiva. Y tiene sus canales de adquisición propios. Personalmente los encuentro a los costados de los contenedores azules, esos del reciclaje de papel, o en los bazares de un euro.

En esta ocasión recomendaré tres joyas de la promiscuidad.

 

El primero lo encontré hace dos semanas entre una pila de libros que habían tirado en una calle del Eixample barcelonés. Entre algunos títulos de Vargas Llosa, Pablo Coelho, Arturo Pérez-Reverte, una guía en blanco y negro de Andorra y varios folletines, visualicé la perla: Lo extraño, lo salvaje, y lo perverso, de Brad Steiger y John Pendragon (Ed. Novaro, 1972, México). 190 páginas, con ticket de 35 pesetas. En la tapa se intenta entusiasmar al lector con el siguiente texto: «¡Asombroso! ¡Verdadero! ¡Personajes Fantásticos y sucesos increíbles!». Y se trata de 50 relatos de 3 páginas cada uno, entre los que destacan Un canario lo convirtió en alcalde de Londres (Nº 20),Los cerdos del rey chirriaron el Himno Nacional (Nº 24), Tres pájaros cortejan a una viuda (Nº 25), El vicario que se convirtió en sirena durante su luna de miel (Nº 40), Ahogaron a sus huéspedes en cerveza hirviente (Nº 44) y ¡Emperador romano que encerraba a los borrachos con monos! (Nº 45). Me pareció delicioso, aunque seguramente en febrero no lo podría leer. Quizás antes de que termine el verano lo relea.

 

Los otros dos los compré en un bazar que está en Roselló y Balmes, a un euro cada uno.

Se trata de Diario de un ambulanciero, de Nigo Sola (UnaLuna Ediciones, 2005, España). 218 páginas. Son 45 crónicas tituladas con números romanos, o sea de la I a la XLV (minimalismo titular). En la contratapa dice que el autor tiene un estilo literario «trepidante» (¡hostia!). Son textos que empiezan más o menos así:

- Coche 902, ¿me recibes?

- Adelante, dime.

- Acudid sin sirenas y rotativos a Obispo Morcillo, 16 10º B, posible código 130 (agresión).

- Te copio, central…

Me lo leí en una tarde. Perfecto para cerveza caliente y la arena sucia de la Barceloneta. Reconozco que me dieron ganas de ser ambulanciero.

 

Y el otro del bazar es Historias del taxi, de José Luis Alonso (Ed. Martínez Roca, 2002, España). 238 páginas. Es también un libro de crónicas y reúne 52 textos de un taxista madrileño. Mis preferidos son: El niño guater!, guater!, guater! (pág. 56), La olimpiada del amor (pág. 71), La abuela de las narices (pág. 112) y El parricida justiciero (pág. 135). Si bien el taxista no logra el refinado estilo narrativo de Paul Auster, tiene su eficiencia. Miren si no, esta descripción perteneciente a La novia, la rueda, la torta y la cola:

«Tuvimos un reventón: flap, flap, flap, flap, flap, flap, flap, flap, y de morros al arcén.» (pág. 153)

Expresivo, ¿no?