Anécdotas

Los libros pasan, y las anécdotas quedan

Proverbio futuro de vaya a saber dónde

1 - Nacido de un plato con garbanzos

 

Mi forma de dibujar es sentarme frente al papel en blanco, tratar de no pensar en nada y ver qué cosas salen. Y como salen muchos errores técnicos (porque ya he dicho que no soy artista ni nada parecido), en vez de borrarlos los acepto y veo hacia dónde me llevan. Y generalmente me llevan a mis obsesiones inconscientes: sexo, erotismo, comunicación, deseos, imposibilidades, tiempo, etc. Y así voy acumulando papeles garabateados con cosas extrañas. Luego los junto por temáticas: en una carpeta guardo los que tienen que ver con la "incomunicación", por ejemplo, en otra los de "sexo", en otra los de "gestos catárticos", etc. 

Así fue que un día mi amigo Raúl Argemí me invitó a comer garbanzos a su departamento de El Clot (Barcelona). Y decidí llevarle la carpeta con los dibujos que tenían que ver con el sexo, desde un aspecto entre grotesco y humorístico. Entre garbanzo, chorizo colorado y vino, Raúl me dijo: "¡Ahí tenés un libro!" Seguramente dijo eso bajo los efectos del vino, o con total irresponsabilidad, pero la idea se me instaló en algún misterioso recoveco del córtex cerebral. Y varios meses después, ya en Mendoza, "Cachondeos" se exhibía en algunas librerías y en todos los quioscos de la provincia.

Todo indica que sin los garbanzos de Raúl, este libro nunca hubiese salido.

2 - El culo ausente (foto de solapa)

 

Mi idea con el libro era reforzar todos los posibles aspectos humorísticos del mismo, porque tenía temor de que se pudiera interpretar a "Cachondeos" como algo con pretensiones plásticas. No soy artista (se puede comprobar mirando el libro), soy sólo amigo de artistas. Por eso, y para desmarcarme de los libros importantes donde los autores salen con cara de "profundos" o "trascendentes", decidí poner una foto de solapa donde saliera yo sonriente con mi mejilla apoyada en un bonito culo (yo y el culo frontales, mirando a la cámara). Me parecía que era lo más coherente para este libro. Y para culo bonito ¡qué mejor culo que el de mi novia de entonces! Así fue que le pregunté a mi novia si no me prestaba el culo para hacer la foto de solapa. Ella me dijo que sí, sin demasiado entusiasmo ni convencimiento. 

Los días iban pasando y se acercaba la fecha de entrega del material a la imprenta, y lo único que iba faltando era la imagen de solapa. Pero cada vez que le decía a mi novia lo de tomar la foto me decía "luego, ahora tengo que ir a la Universidad", o "ahora no, que estoy cansada". En ese momento debí sospechar que su culo estaba reticente a salir en público, pero en vez de buscar una alternativa viable en los culos de algunas amigas (que también eran muy bonitos), me confié. Finalmente llegó el día de entregar todo a la imprenta y faltaba la foto. 

— Amor, ¿sacamos la foto de solapa ahora?, porque a la tarde ya tengo la cita en la imprenta para llevar todo... –dije montando la cámara digital en un trípode.

— Mmmm, no sé... es que estuve pensando y todo el mundo va a saber que el culo es mío, y me da vergüenza. Además imaginate lo que van a pensar en los lugares donde trabajo... –respondió ella.

Y en verdad tenía toda la razón. 

Entonces tenía que sacarme una foto, cualquiera, para cerrar el tema. Así que no dudé mucho y reemplacé el anhelado culo de mi novia por mi adorado gato Teo. Un selfie y a imprenta!

"A los culos los carga el Diablo", pensé...

3 - El "Best Sellers" de Diógenes

 

Al margen de si "Cachondeos" era un libro bueno o malo (desde mi punto de vista es divertido, pero más malo que bueno), o de si era provocativo o no, estaba claro que no era un libro muy "standard" para Mendoza. Y me interesaba ver cómo lo recibían los mendocinos, famosos en toda la Argentina por su temperamento conservador.

El primer comentario que recibí fue sintomático: Una querida amiga le mostró el libro a su madre psicóloga y ésta le dijo "pero... ¿¡qué problema tiene tu amigo con los penes!?"

En términos generales, pude observar que la gente joven lo recibía con muchas risas, mientras los mayores de treinta y algo fruncían el ceño en señal de desaprobación (más si pertenecían al establishment cultural vernáculo). Lo curioso fue que "Cachondeos" se transformó, por lejos, en el libro más vendido de la editorial Diógenes.