Textos

PRÓLOGO

 

DOS A FAVOR 

 

La poesía es el lugar en el que se encuentran la palabra, el pensamiento y la música. Lo demás es accesorio, pero el ritmo usual de la vida literaria y las imposiciones del yo nos han habituado a pensar en los libros de poesía como objetos en los que campea la experiencia intransferible de un solo individuo, o de un individuo solo. Sin embargo, la voz que habla en el poema es una entidad abstracta y el autor de carne y hueso suele ser un invento del destino. No se sabe bien por qué, empezamos a escribir en primera persona y a pergeñar versos con la esperanza de que los demás nos lean, confesando a gritos cosas inconfesables, o comunicando anécdotas de una vida que tal vez ni siquiera es la nuestra, pues no siempre se parece a la que vivimos y remeda torpe o hábilmente las vivencias que deseamos o imaginamos.

La belleza de En-contra-dos consiste en que se trata de un libro raro, como encendido por el efecto de un fervor distinto: el fuego de un diálogo pactado pero sin duras condiciones previas, sin homogéneos turnos de palabra, sin más equilibrio que una alternancia caprichosa de sensaciones que equivalen, en su combinación, a la suma de dos experiencias que nos sorprenden, nos provocan, nos desnudan, nos divierten y nos enseñan sin dogmatismos la instintiva intimidad y el civismo consciente de dos individuos con los que es agradable y fácil identificarse. Es agradable y es fácil porque sus poemas, de forma tan variada que van del aforismo ingenioso a la prosa alucinada, configuran un mapa de lo humano con fuertes raíces en la vida (la suya y la nuestra) de todos los días.

La autora y el autor están aquí bien presentes, y como cada cual tiene su estilo y sus obsesiones, serían incluso reconocibles sin los minúsculos fetiches que los identifican: con contundencia se hace oír la voz sensual y precisa de Sandra Rehder en su capacidad evocadora y sentenciosa, y con sensualidad se imponen la moralidad inteligente y la conciencia retórica de Alejandro Crimi. Con modulación diversa, en una y en otro hay compromiso, y deseo, y humor, y lujuria, y afecto: un buen puñado de afinidades electivas que no implican despersonalización, sino que configuran un canto alterno de buenos solistas, un canto acordado y potente, como un dúo más de los que Sandra comparte con los mejores guitarristas que andan y tocan por estos pagos.

En mi primera lectura de En-contra-dos (que no ha sido la única ni será la última) me fui apuntando algunas frases más o menos sueltas: «todo malestar se disuelve con saliva», «Dios le da flechas a quien no tiene sexo», «la mala performance que exponen los buenos a la hora de competir», «el coraje siempre sabe más que el miedo», «un hombre como un tango bien parido», «busqué la luz y quedó en evidencia la oscuridad», «usar la voz que tengo», «cuando debería dormir te sueño y cuando duermo también», «el viento no sabe qué hacer conmigo», «nuestro verdadero rostro es el cuerpo», «solo envejezco para volver a verte» y un largo etcétera de destellos que aquí, sueltos y descarnados, no cumplen siempre el efecto que logran en su contexto, pero nos bastan para entender la variedad de registros y la capacidad expresiva de los autores.

Paradójicamente, en la afinidad aflora la diferencia, y la aparente simplicidad de la idea que sostiene el libro (dos autores para un solo volumen) asegura la originalidad del planteamiento y potencia la efectividad del mensaje, pues no se trata propiamente de una obra en colaboración, sino de una sucesión de complicidades. Y la primera complicidad es la ordenada armonía de sus secciones: la tensión de la palabra propia o ajena en «Arte poética», los cortocircuitos de la comunicación y la vida cotidiana en «Desencuentro» (me resulta imposible no pensar en el tango de Aníbal Troilo y Cátulo Castillo), la bestialidad atávica y la moderna fruición del sexo en «Erotismo», la perplejidad que deviene crítica en «Realidad», las ambigüedades del sentimiento en «Amor/Desamor» y las imágenes surreales o el sarcasmo en «Delirio».

Escribir no es exactamente vivir, pero la escritura es una extraña forma de conocimiento que nos desvela, a veces sin pretenderlo, los misterios de la existencia. Como en las parejas de otra índole que se forman al azar de los afectos, En-contra-dos reúne un buen puñado de instintivas lecciones —pero esta vez en verso— para entender la vida.

Y la entendemos doblemente.

 

José María Micó

 

 

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10 POEMAS

Rompí constelaciones

 

Rompí constelaciones, fui sorda, ausente de todo,

viajé hacia el centro de la oscuridad

y encontré en el silencio lo que soñaba,

y lo que soñaba fue.

Tensión

 

La poesía consiste

en tensar el lenguaje,

hasta que la retórica

huya despavorida.


Gramática del encuentro

 

Para que dos personas

se puedan encontrar

hace falta un accidente,

un tropezón del destino,

relojes atrasados,

y una gran ingenuidad

flotando sobre la noche.

 

Lo lógico y normal,

aquello que responde

a la naturaleza humana,

lo que fluye desde siempre,

es la sustancia fresca

del desencuentro.

 

Por eso los inconformistas

provocan accidentes,

hacen locuras

o transgreden el tiempo.

Son simples intentos

de combatir la soledad.

Soy tu vino

 

me abro a mi destino

yo que nací

entre montañas y ríos

soy el fruto de la uva que fui

soy el vino

todos los vinos

voy por tu boca

en cada brindis

por tu cuerpo soy tu sangre

celebrada en vos

para que me goces en tu paladar

sientas mi aspereza

la intensidad de mi cuerpo

yo que fui madurada

para que me bebieras

me tuvieras

me consumieras

yo

soy tu vino


Este hombre que me ama con locura

—nunca mejor utilizada la palabra—

me desorbita los ojos de ternura

y en colores me provoca los orgasmos.

A veces enumera, pone nombre

a cada peca que besa con sus labios,

me bebe el manantial, me sacrifica,

me lleva de mudanza a cada instante.

Este hombre tan difícil no vacila

en su paseo cotidiano de alto vuelo,

y cuando sufre, regresa o se ausenta,

insurgente yo leona quiebro el duelo,

le apuñalo esta vida que me queda.

Este hombre suculento y abrasivo

que provoca repensarme lo divino

abre mis venas, rescata lo perdido.

Ah! debo decirlo, este hombre mío

embiste, es como un tango bien parido.

Amorcito a la romana

(para 2 porciones )

 

a Ludovica Rossi

 

Perfumar a la mujer amada,

sin anular su aroma natural.

Sacarle la cáscara.

Soltarle el cabello y colocarla en una cama

a temperatura ambiente.

Dejarla reposar unos minutos

con música de Chet Baker,

acariciarle los pies y darle un besito en el ombligo.

Agregarle una copa de coñac y luz tenue.

No hablar ni por casualidad, porque se corta.

Revolver lentamente durante una hora,

condimentar a gusto y servir muy caliente.


El amor en los tiempos del Word

 

No puedo dejar de mirarte, click.

Abrir archivo, estás hermosa.

Comienzas a reír, Guardar como

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Te deseo.

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Ahora sí.

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Colores, todos.

Clítoris, click.

Enter.

El arquero

 

Tú,

que eres el gran arquero,

el Todopoderoso

que me tensas

hasta extenuarme,

dosifica tu severidad

o lánzame.

Si soy tu flecha,

suelta la cuerda,

así podré atravesar este mar

y verlo,

aunque dormido,

ver lo que he perdido.

Que necesito,

para alcanzar la paz,

llegar y recoger mis restos.

 


Maga pagana

 

Me nacen alas que ansían el territorio de tus brazos,

de mis pechos, agua fresca, cristalina, con pececitos

          de colores.

Tengo brotes de olivo que se enredan en mi pelo

y chocolate en las venas.

Mi boca es cuenco de barro donde bebes el vino.

Y en el pubis, copos de algodón, aguardiente y cielo

          abierto.

Tengo para darte piernas, vientre y brazos. Abrazos.

Una metamorfosis me violenta en gacela para tus

          placeres.

Tengo también unas manos pequeñas que saben

          recorrerte

y cientos de amaneceres fundidos en mi piel como

un presagio.

Caracola, flor silvestre, vidala para estar en tu canto.

Y ojos, tengo ojos que ven a través de lo imposible.

Crecen en mí, súbitamente, seis brazos y seis piernas

y una mirada encendida, presiento que los dioses

          me señalan.

Y cada noche, insomnio, fiel testimonio de tu ausencia.

Un potro alado predice una cita impostergable con

          la maga pagana.

Ambigüedad de Cupido

 

Las mitologías del amor

tienen sus propios mártires.

Un ejemplo es Cupido,

diminuta divinidad alada

experta en atravesar corazones.

 

De mirada melancólica

y juventud incorruptible,

se dice que fue condenado

a eternos sueños lúbricos

en pos del placer ajeno.

 

Dios le da flechas

a quien no tiene sexo.