Anécdotas

REFERENCIAS DE LAS IMÁGENES:

(Click en las fotos para agrandar)

1- Jorge Contreras, durante el primer encuentro de trabajo.

2- Luis Triviño, Jorge Contreras y Arturo Andrés Roig.

3- Jorge Contreras y Roberto Juárez.

4- Mariela Contreras, Viviana Ordóñez, Pablo Flores, Juanita Vera, Daniel Talquenca y Jorge Contreras.

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VIDEO
Inicio de las grabaciones que luego se convertirían en el libro.
Primera charla con Jorge Contreras.MPG
Archivo de vídeo MPEG 12.7 MB

1- Lucía

 

La primera vez que Jorge Contreras vino a casa para comenzar el trabajo del libro, al entrar al living se quedó estupefacto. Quedó mirando a Lucía con la boca abierta, quizás pensando dónde se había metido.

Lucía era mi novia oficial, un maniquí que había comprado en un remate de Benturino y exhibía con orgullo en un lugar preferencial del living. Le había comprado tetas postizas y una melena negra en una tienda de disfraces, y la vestí en onda muy BDSM, con látigo y todo.

Al ver el desconcierto de Jorge, y con la intención de "romper el hielo", le dije: "¡Hey, Jorge! ¡No mirés así a mi novia!, que estoy cansado de que todos los que vengan me la miren con ojos raros...". Dudó un segundo, como procesando la información, y luego comenzó a reír. Y a partir de esa vez, cuando llegaba a casa con alguno de sus invitados, lo primero que hacía era presentarle a Lucía. "Es la novia de Alejandro", explicaba.

2- Escritura

 

De todos los libros en que he trabajado, "Jorge Contreras, peregrino de las arenas" ha sido sin lugar a dudas el que más dificultades técnicas me impuso. Durante febrero, marzo y abril del 2006 nos reunimos todos los viernes a la tarde en mi casa con Jorge y sus invitados. Nos sentábamos alrededor de una mesa donde había un micrófono asociado a mi computadora que capturaba el audio. A la mesa la completaban una cesta con mediaslunas o tortitas, y el equipo de mate amargo. Se generaba una conversación horizontal y reflexiva sobre determinado tema, que casi siempre tenía que ver con el contexto social de los invitados, y luego de una o dos horas nos organizábamos para ver quién llevaba a Jorge a su casa del Barrio La Gloria. 

Se acumularon más de 40 horas de grabación coloquial. Algunas personas se habían ofrecido para desgrabar los audios porque sabían que todo el trabajo estaba destinado a beneficencia. Pero no funcionó porque los lenguajes de las charlas a veces eran complejos y el tiempo de demora se multiplicaba. Luego intenté pagar por el trabajo, pero tampoco funcionó porque en algunos casos me llegaban documentos de word ilegibles y en otros desistían luego del primer intento. Por lo cual terminé desgrabando todo yo.

La desgrabación fue todo un reto, pero el pánico me vino al tener todo el texto desgrabado y saber que con él debía componer una biografía donde participaban varias voces. Como cualquier biografía, se necesitaba un contenido con cronología y coherencia, pero lo que tenía eran cantidades de charlas muy interesantes (algunas de ellas muy caóticas, algo propio de la comunicación coloquial). Así que decidí clasificar con meticulosidad el material desgrabado y hacer un gran collage donde se desarrollara la cronología de Jorge y los temas sociales aludidos. Por lo tanto creé un índice "ideal" y empecé a escribir todo tomando como referencia a la información presente en las charlas. Los primeros capítulos los escribí en primera persona, como si fuese Jorge quien escribiera, y en los casos donde intervienen invitados utilicé un formato de preguntas y respuestas, o testimonios. En este último caso tuve que "ficcionar" las conversaciones para poder insertar las ideas vertidas en las charlas. Por ello la estructura lingüística del libro no tiene nada que ver con los audios de las charlas, pero refleja con total precisión las ideas vertidas allí.

Otra dificultad estaba en la posible parcialidad de mi propia interpretación a la hora de escribir. Tenía que respetar las formas coloquiales de los participantes y checkear intensamente todo, ya que no podía equivocarme al interpretar la exposición de ideas o determinados sucesos. Por eso, una vez que tuve el cuerpo del texto avanzado, imprimí todo, se lo envié a casi todos los participantes y les pedí que revisaran sus partes hasta tener un "OK" final.

Finalmente, la presencia de Jorge era tan intensa que cualquier concepto referido a "autor" u otro tipo de protagonismo resultaba casi obsceno. Por eso elegí la figura de "coordinador" con la cual salgo en los créditos. Y no participé en las presentaciones del libro porque soy ajeno a lo que representa. Los protagonistas del libro son Jorge, los invitados y los sectores frágiles de la sociedad, y mi papel fue hacer de "puente lingüístico" entre las partes (o sea solo escribir, maquetar y editar, porque las ideas, vivencias y referencias son de los otros).

Y aprendí muchísimo!

3- Corrección

 

Para la corrección del libro contraté los servicios de mi amigo Juan López. Quería asegurarme de que el estilo de redacción fuese precisa. Pero sucedió que la nota de Maure y algunos otros textos que estaban retrasados (contratapa, retiros y algo más) llegaron sobre la hora y no había tiempo para enviarlos a Juan, así que los miré yo. Pero Juan, que es un profesional muy experimentado, me dijo que no firmaría la corrección si no revisaba lo que faltaba, aunque fuese muy poco. Me pareció admirable su actitud pero lamentablemente no tenía márgenes de tiempo. Por eso el libro salió sin los créditos de Juan, a pesar de haber corregido el 99 % del texto.

4- Propuestas

 

Desde que salió "Jorge Contreras, peregrino de las arenas" hasta que me fui de Mendoza (6 meses después) no pararon de llegarme propuestas de edición y escritura, la gran mayoría muy surrealistas. Supongo que muchos entendieron que había un tipo (o sea yo) que le sobraba el dinero, algo así como un empresario de las ediciones, que estaba interesado en "invertir" (¿?) en diversos temas o personajes vinculados a los sectores sociales. Pero el dinero que había gastado en el libro más el tiempo consumido en la producción del mismo (muchos meses a tiempo completo) habían fragilizado mi economía doméstica, y además tampoco era la idea convertir a Diógenes en un centro de beneficencia. El hecho se explica fácilmente si se puede entender el grado de postergación y exclusión que sufre un sector importante de la población, pero igual lamenté que no se hubiera entendido en absoluto mi gesto al abordar el proyecto. Gesto ideológico y de reconocimiento a un referente imprescindible de la cultura de Mendoza, a pesar de no compartir con él ni el sentimiento religioso (soy ateo) ni las simpatías partidistas (no soy peronista).